Patologías del artículo científico: a propósito del azúcar

libro-blanco Canta Manu Chao, en su justamente celebrado álbum ‘Clandestino’, un verso obvio y rotundo que a menudo acude a mi memoria. Y es que, ciertamente, “… en este mundo hay mucha confusión …”. No soy el único obsesionado con ella. El añorado neurólogo y escritor Oliver Sacks la citó en uno de sus títulos ya clásicos. También los bioestadísticos tratan de gestionarla a través de sus conocidas variables. E incluso se recuerdan famosos que han sentido el poder confundidor de factores tan cotidianos como la mismísima noche. Así pues, en este mundo abunda la confusión, lo que incluye de forma inevitable al proceloso mundo de la literatura científica.

Tampoco del organismo humano puede decirse que sea un dechado de claridad. Siempre persiguiendo delicados equilibrios (del hídrico al postural, del ácido-base al mental) constantemente amenazados a izquierda y derecha por ese tenaz enemigo del orden que los físicos llaman entropía y los clínicos enfermedad. De este modo, una percepción equilibrada de la alimentación perdería su estatus no sólo por el rechazo sistemático presente en la anorexia, sino también por la ingestión compulsiva que caracteriza a la bulimia. Un ejemplo de dualidad, entre tantos otros, con que acostumbramos a clasificar nuestro estado de salud, léase hiper/hipo-tensión, leucocitosis/leucopenia, hipertricosis/alopecia…

Los artículos científicos comparten la característica, al menos hasta la fecha, de ser planificados, elaborados y publicados por personas de carne y hueso, lo cual les hace de algún modo partícipes de nuestra propia naturaleza, con sus glorias y villanías, sus equilibrios precarios y sus acechantes desórdenes patológicos, unas veces por defecto, otras por exceso. Analicemos pues, brevemente, dos casos clínicos de artículos científicos ligados al ámbito de la diabetes. Ambos presentan preocupantes signos de alarma, precisando de un cuidadoso juicio clínico con adecuado tratamiento.

CASO 1. El informe principal del ensayo EMPA-REG OUTCOME se publicó en septiembre de 2015 en The New England Journal of Medicine, presentando resultados muy llamativos. En pacientes diabéticos mal controlados y con enfermedad cardiovascular establecida, la adición de empagliflozina al tratamiento antidiabético habitual mostró frente a placebo una reducción relativa del riesgo del 14% [HR=0,84 (IC95% 0,74-0,99)] en la variable combinada principal (muerte cardiovascular + infarto e ictus no fatales). Así mismo, se comunicaron resultados positivos en otras variables secundarias o exploratorias, tales como hospitalización por insuficiencia cardiaca, mortalidad global y mortalidad cardiovascular.

Con la información del artículo científico como situación de partida, BIT Navarra inició una investigación que permitiera calibrar el verdadero alcance y fiabilidad de sus conclusiones. El primer objetivo fue tratar de acceder al Clinical Study Report, el informe completo del estudio. Para ello se contactó con la Agencia Europea del Medicamento y con una plataforma de cesión de datos vinculada al fabricante. Por desgracia, ambos intentos resultaron completamente infructuosos.

En un segundo momento se procedió a analizar el contenido del protocolo y material suplementario del artículo, además de otras fuentes. Este trabajo puso de manifiesto varios aspectos destacables: 1) Los conflictos de interés no se limitaban a los declarados por los investigadores del ensayo, sino que alcanzaban al máximo responsable del Data Monitoring Committee, organismo a priori independiente. 2) La necesaria confidencialidad del análisis intermedio de los datos del ensayo, utilizado por la FDA para la autorización de empagliflozina, fue violada gravemente. 3) Tanto el protocolo como el plan de análisis experimentaron cambios relevantes a lo largo del desarrollo del ensayo, algunos de los cuales repercutieron de forma decisiva en la significación estadística del resultado principal. 4) Los beneficios hallados con empagliflozina en la población completa del ensayo no se observaron en los pacientes reclutados en Europa y Norteamérica, precisamente las regiones más similares a nuestro entorno. 5) La superioridad estadística encontrada se reveló poco robusta a la vista de los análisis de sensibilidad publicados, y en modo alguno podría interpretarse como superioridad clínica demostrada. Por otro lado, el diseño adaptativo escogido para el ensayo presenta múltiples inconvenientes.

Juicio clínico: Articupenia, enfermedad insidiosa caracterizada por déficit o sesgo importante de información en el artículo principal de un ensayo.

Tratamiento propuesto: Dosis única de investigación independiente, rigurosa y transparente.

CASO 2. Un equipo de revisores Cochrane identificó 8 artículos potencialmente elegibles para ser incluidos en su revisión, liderados por un mismo investigador. Al ser analizados en detalle, se descubrió que en realidad procedían de sólo dos estudios, motivo que condujo a retractar los otros seis artículos duplicados. Ante la falta de colaboración por parte del responsable y con objeto de descartar la existencia de un fraude más amplio, en una segunda etapa se valoró el conjunto de la producción científica de dicho autor, entre los más prolíficos a nivel mundial en el ámbito clínico de la diabetes.

Con fecha 20/09/2015 se identificaron en PubMed 86 ensayos clínicos liderados por este investigador, la mayor parte con antidiabéticos, de los cuales 47 (54,7%) mostraron fuertes indicios de publicación duplicada (provendrían de sólo 17 estudios reales). Las 26 revistas afectadas, vinculadas a 10 editoriales diferentes, fueron informadas inmediatamente. Un año más tarde, el balance provisional es de 14 artículos ya retractados o en proceso de corrección.

Juicio clínico: Articucitosis, infección del artículo que provoca su replicación descontrolada según los patrones de crecimiento tumoral.

Tratamiento propuesto: Bolus intravenoso de investigación independiente, rigurosa y transparente, con dosis diarias elevadas de adecuados estándares éticos. El tratamiento se recomienda ‘para toda la vida’.

Canta Manu Chao, en su justamente celebrado álbum ‘Clandestino’, un verso rotundo pero nada obvio que a menudo acude a mi memoria: “… todo es mentira en este mundo …“. Por el momento negaremos la mayor aunque, bien mirado, será prudente dejar todas las opciones abiertas. Ya saben, en este mundo hay demasiada confusión.

 

Entrada elaborada por Luis Carlos Saiz Fernández. Coordinador de Investigación en Farmacoterapia.

El autor trabaja actualmente en el Servicio Navarro de Salud – Osasunbidea. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional

Carta a los Reyes Magos

Para empezar el nuevo año os presentamos un post con 2 deseos de año nuevo relacionados con los inhibidores de la bomba de protones (IBP) y con los corticoides inhalados.

cartaEl año que se acaba ha seguido ofreciéndonos noticias sobre problemas relacionados con el excesivo consumo de los IBP. A los ya consabidos efectos adversos sobre las fracturas o la hipomagnesemia que ya comentamos hace algunos años en este mismo blog, tenemos que añadir nuevos problemas relacionados esta vez con la demencia.

A principios de año se publicó un nuevo estudio de cohortes en el cual se observaba un riesgo de demencia superior en los pacientes de 75 años que toman IBP de forma habitual tal y como expresan en el editorial que acompaña el artículo, a pesar de que se trata de un estudio epidemiológico, realizado a partir de una base de datos y que puede estar sujeto a factores de confusión u otras limitaciones, existen varios factores que favorecen la plausibilidad de esta hipótesis: los IBP pueden cruzar la barrera hematoencefálica e influir en la producción de beta-amiloide o pueden reducir los niveles de vitamina B12 y otros nutrientes que se relacionan con un incremento del riesgo de demencia.

Todavía debe investigarse mucho sobre esta posible asociación pero parece que el abuso de los IBP ha propiciado la aparición de estos efectos adversos emergentes y otros que vendrán: ictus? RCV?, etc.

A pesar de todo esto, España lidera el consumo de antiulcerosos en la Unión Europea con 120,7 DHD (la media para el conjunto de los países europeos es de 71,4 DHD).

Como deseo de año nuevo, nos gustaría que se moderase la utilización de los IBP y que nuestro país dejara de ser líder en su consumo.

En segundo lugar, según informa el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2015, los medicamentos para el tratamiento del asma y EPOC son el subgrupo que mayor importe facturó en 2014, con 508,9 millones de euros.

Las asociaciones de corticoides y beta adrenérgicos de larga duración inhalados siguen siendo unos de los medicamentos más utilizados en el tratamiento de la EPOC aunque deberían reservarse únicamente en pacientes con EPOC moderado a grave y múltiples exacerbaciones.

La utilización de corticoides inhalados se ha relacionado también con el aumento de riesgo de neumonías sobre todo en pacientes que presentan otros factores de riesgo como tabaquismo, edad avanzada, índice de masa corporal

Durante 2016 se ha publicado el estudio FLAME que comparaba el tratamiento con la combinación indacaterol-glicoprirronio frente a salmeterol-fluticasona en pacientes EPOC y que hubieran presentado al menos 1 exacerbación durante el año anterior. La combinación con el anticolinérgico de larga duración fue más efectiva en la reducción de las exacerbaciones de cualquier grado de gravedad y no se observaron diferencias en los efectos adversos.

En el tratamiento de la EPOC debemos también recordar que no deben utilizarse los brocodilatadores de acción corta como tratamiento basal.

En medio de la vorágine causada por la aparición de nuevos dispositivos de inhalación, no debemos olvidar que la selección del principio activo debe preceder a la elección del mejor dispositivo para el paciente.

Como deseo de año nuevo, nos gustaría que se mejore la utilización de los corticoides inhalados en los pacientes EPOC :

  • Eliminar la utilización de los corticoides inhalados en monoterapia.
  • Reducir el uso de las combinaciones de corticoides inhalados con beta adrenérgicos de larga duración y limitarla a pacientes moderados-graves con exacerbaciones.
  • Reducir el uso de corticoides sistémicos a largo plazo en el paciente EPOC estable.

Para conseguir estos deseos los Farmacéuticos de Atención Primaria podemos contribuir a la racionalización del consumo de estos medicamentos, proporcionando información de calidad a los prescriptores, colaborando en la revisión de los tratamientos inadecuados y educando a la población.

 

Entrada elaborada por Rosa Madridejos Mora. Farmacéutica de Atención Primaria.

El autor trabaja actualmente en el Servicio de Farmacia Mútua Terrassa. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional

Presente y futuro de la Farmacia de Atención Primaria

La evolución profesional del Farmacéutico de Atención Primaria (FAP) ha estado muy influida por una gran variabilidad tanto en la formación como en la cartera de servicios.

street-1435744Con la creación de la nueva especialidad, en un futuro cercano todos los farmacéuticos que trabajen en Atención Primaria (AP) dispondrán de un programa formativo reglado como el resto de profesionales de AP. La NUEVA especialidad supone un reto ya que deberá garantizar una verdadera integración transversal de los dos ámbitos, primaria y hospital, donde el farmacéutico clínico podrá ejercer su actividad.

Para ello, el nuevo residente deberá estar capacitado para ejercer las competencias  relacionadas con la gestión del conocimiento y las estrategias de uso racional del medicamento, con la cobertura de necesidades de medicamentos y productos sanitarios y las relacionadas con la atención a pacientes

Además por primera vez, los farmacéuticos residentes deberán también acreditar unas competencias transversales, igual que el resto de profesionales que trabajan en salud. Éstas abarcan aspectos que van desde la ética asistencial, la investigación, el manejo de información etc.

En el futuro inmediato, la formación de los nuevos especialistas está garantizada y contribuirá a disminuir la variabilidad y mejorar el ejercicio profesional del FAP.

De forma paralela a la formación, la cartera de servicios de los FAP también ha sido muy variable. La cartera no debe concebirse como un catálogo de prestaciones sino como la selección priorizada y organizada de los servicios ofertados, teniendo en cuenta las necesidades y demandas de la población.

La cartera de servicios en AP  debe sustentarse en criterios científico-técnicos, priorizarse según la política sanitaria y tener base poblacional. Este enfoque diferencia mucho la cartera de servicios del FAP a la del farmacéutico de Hospital ya que todos los procesos en AP deben adaptarse a la base poblacional. Se comparte formación pero la cartera de servicios debe separar ambos campos de actuación.

Los FAP deben ampliar sus competencias clínicas priorizando el trabajo en equipo con los médicos y enfermeras de primaria lo que permite ser mucho más eficiente. La resolución de una consulta farmacoterapéutica compleja, la revisión del tratamiento de los  pacientes crónicos pluripatológicos,  o asesorar a todo un equipo de médicos y enfermeras en el abordaje de una patología son ejemplos de actividades con un impacto clínico elevado.

Los diferentes profesionales debemos ser capaces de concertar y compartir objetivos, actividades y responsabilidades en torno al paciente independientemente del ámbito de trabajo.

En el campo de la farmacia, la descoordinación se traduce en decisiones terapéuticas variables, cuando no contradictorias, que pueden ser perjudiciales para el paciente.

La coordinación clínica es imprescindible, pero la integración clínica no debe hacer perder la responsabilidad funcional específica de cada ámbito.

El documento “The future of primary care. Creating teams for tomorrow”  publicado por la “Primary Care Workforce Commission” del NHS en 2015 destaca como una de las propuestas de mejora para la AP más funciones para los farmacéuticos clínicos de Atención Primaria.

Una buena formación competitiva, una cartera de servicios específica de Atención Primaria y una coordinación clínica efectiva debe permitir al FAP afrontar el futuro con optimismo.

Esta entrada es un resumen de la ponencia de Rosa Madridejos en la mesa “Presente y futuro de la Atención Primaria” que se presentó en el XXI Congreso de la SEFAP en Granada el pasado octubre.

Rosa Madridejos Mora

Farmacéutica de Atención Primaria

El autor trabaja actualmente en el Servicio de Farmacia Mútua Terrassa.

La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional

El triple WHAMMY: una combinación de riesgo

Podemos traducir “whammy” como un golpe, mala pata o un revés. Cuando hablamos de “triple whammy”, nos referimos a tres golpes simultáneos que se producen a nivel renal debido al tratamiento concomitante con inhibidores de la enzima de conversión de angiotensina (iECA) o antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA-II), diuréticos y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs, incluidos los inhibidores de la COX2) , combinación que aumenta el riesgo de fracaso renal agudo (FRA).

triple whammyEn diversas situaciones, como el uso de diuréticos o deshidratación, en las que el volumen sanguíneo puede verse comprometido,  se ponen en marcha mecanismos compensatorios a nivel renal. Entre estos mecanismos compensatorios encontramos la activación del sistema renina-angiotensina o la síntesis de prostaglandinas. Por una parte, la producción de renina provoca la vasoconstricción de las arteriolas eferentes mediante la acción de la angiotensina II sobre los receptores AT1, mientras que la síntesis de prostaglandinas produce la vasodilatación de las arteriolas aferentes. Ambos mecanismos persiguen mantener la presión intraglomerular.

A nivel renal, los iECA y los ARA-II reducen la presión intraglomerular y aumentan la eliminación de sodio y agua, mediante el bloqueo del sistema renina-angiotensina en diferentes niveles. Inhiben la transformación de angiotensina I en angiotensina II y evitan la activación de los receptores AT1 por la angiotensina II, respectivamente.

El consumo crónico de altas dosis de AINEs se relaciona con un empeoramiento de la función renal y con un peor control de la presión arterial en pacientes hipertensos. Esta afectación renal por los AINEs se produce por la inhibición de la síntesis de prostaglandinas, que conlleva una vasoconstricción de las arteriolas aferentes, provocando una disminución del filtrado glomerular.

Estos grupos de fármacos bloquean los mecanismos compensatorios renales y junto con los diuréticos producen cada uno un “whammy” a nivel del glomérulo. Se ha demostrado que la acción conjunta de los tres mecanismos aumenta el riesgo de FRA.

Hace ya más de 15 años que se publicaron los primeros casos de FRA en pacientes que estaban en tratamiento con alguno de estos grupos de medicamentos. Posteriormente se han publicado diferentes tipos de estudios que confirman esta asociación. En un estudio transversal en pacientes ingresados, se encontró una correlación entre la toma de al menos 2 medicamentos de estos grupos y un empeoramiento de la función renal. En el año 2013 se publicó un estudio de casos y controles en el que se observó que el consumo de la triple terapia aumentaba en un 30 % el riesgo relativo de FRA comparada con la doble terapia iECA/ARA-II + diurético (RR 1,31; IC 95% 1,12 a 1,53), siendo este aumento de riesgo aún mayor (82%) en los primeros 30 días tras el inicio del triple tratamiento (RR 1,82; IC 1,35-2,46). Un año más tarde se publicaron los resultados de un análisis de una base de datos francesa de farmacovigilancia, en el que se detectó que alrededor de un cuarto de las notificaciones en las que se incluían AINEs y fármacos antihipertensivos, se asociaron con efectos adversos graves, principalmente FRA. Más recientemente y en nuestro país, se ha realizado un estudio  observacional retrospectivo con diferentes etapas: una primera transversal para identificar FRA asociado a fármacos, una segunda de seguimiento de pacientes consumidores de iECA/ARA-II y/o diurético y/o AINE y aparición de FRA y una tercera para evaluar costes y mortalidad del FRA asociado al consumo de estos fármacos. En este estudio se detectaron 85 ingresos por FRA asociado al uso extrahospitalario de la triple combinación y se estimó una incidencia poblacional de 8,82 casos/1.000 consumidores/año (IC 95% 4,4 a 17,3) en pacientes con la triple terapia, que resultó similar a la incidencia asociada a la doble terapia con AINEs y diuréticos 8,99 casos/1.000 consumidores/año (IC 95% 3,16 a 25,3). De forma paralela, diferentes boletines han hecho referencia al “triple whammy”, desde INFAC a nivel nacional hasta Pharmacist’s Letter o SaferX a nivel internacional. Incluso otros autores han propuesto la existencia del “quadruple whammy”, haciendo referencia a la situación clínica del paciente como el cuarto golpe.

En una de las comunicaciones orales del XIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria celebrado en Mérida, compañeras del Departamento de la Plana, en Castellón, presentaron los resultados de un trabajo en el que, tras informar a los médicos de familia sobre el “triple whammy”, consiguieron una reducción del 40% de pacientes en tratamiento con la triple terapia, de 342 inicialmente a 205 tras la intervención.

La información a los profesionales sanitarios del riego de la combinación puede ayudar a reducir el número de pacientes en tratamiento con la triple terapia, ya que en ocasiones se mantienen prescripciones de forma crónica de manera innecesaria o bien el paciente consume AINEs sin prescripción médica. Se debería evitar el uso de esta asociación triple siempre que sea posible y de lo contrario, se recomienda monitorizar estrechamente los niveles de creatinina y de potasio, especialmente durante el primer mes de tratamiento. Por último, los pacientes que requieren tratamiento crónico concomitante con estos tres fármacos también deben ser educados e informados para evitar situaciones (principalmente deshidratación) que puedan desencadenar un FRA.

Entrada elaborada por Fernando do Pazo Oubiña y Raquel Rodríguez Rincón

Los autores son Farmacéuticos de Atención Primaria que trabajan actualmente en el Sector Ponent de Mallorca (Hospital Universitari Son Espases). La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrollan su actividad profesional.

Interacciones entre medicamentos y alimentos: qué debemos tener en cuenta

Los medicamentos y los alimentos pueden influir entre sí tanto de forma positiva, favoreciendo su absorción o disminuyendo sus efectos adversos; como de forma negativa, impidiendo su absorción, disminuyendo su efectividad e incluso haciendo fracasar el tratamiento.

comida

Las interacciones entre medicamentos y alimentos (M-A) son múltiples, hay más de 300 descritas, pero sólo unas pocas son clínicamente relevantes. Por eso es muy importante que el paciente sepa qué medicamentos toma, para qué los toma y cómo debe tomarlos con relación a las comidas.

¿Qué pacientes tienen mayor riesgo de padecer este tipo de interacciones?

Los pacientes de edad avanzada (por los cambios fisiológicos propios de la edad: la absorción del fármaco es menor y su metabolismo y eliminación están alterados).

Los que padecen enfermedades crónicas, ya que consumen muchos fármacos.

Los niños, porque no han desarrollado sus sistemas de destoxificación en su totalidad. También embarazadas y lactantes.

¿Qué medicamentos son los con que con mayor frecuencia pueden ser objeto de estas interacciones?

  • Aquellos que tienen un estrecho margen terapéutico, es decir los que tienen una dosis terapéutica cercana a la dosis tóxica (como por ejemplo el litio, digoxina, fenitoína, anticoagulantes orales…).
  • Los que necesitan tener una concentración plasmática sostenida para poder hacer su efecto terapéutico, como los antibióticos.

¿Qué consecuencias pueden tener estas interacciones?

A nivel del medicamento, podemos encontrarnos con una disminución de su efecto o incluso con la aparición de algún efecto adverso.

A nivel nutricional, por su parte, podemos encontrarnos con un déficit de algún nutriente (como por ejemplo, la deficiencia de vitamina B12 asociada al consumo de IBPs). Aunque la proporción de reacciones adversas debidas a interacciones M-A no se conoce.

Algunas cifras a tener en cuenta

  • El administrar la azitromicina tras una comida copiosa puede hacer disminuir su biodisponibilidad en un 50 %.
  • La concentración sérica de la ciclosporina aumenta un 70 % cuando se administra junto con zumo de pomelo.
  • La administración simultánea de alendronato junto con café o zumo de naranja reduce su biodisponibilidad hasta en un 60 %.
  • Con la clozapina y olanzapina pude existir hasta un 50 % de diferencia en la dosis media necesaria para alcanzar la misma concentración en sangre entre fumadores y no fumadores.
  • Tomar clodronato sin alimentos hace que su absorción suba hasta un 90%.

¿Cuáles son los factores a  tener en cuenta?

Dentro del mismo grupo terapéutico las interacciones no son las mismas entre los diferentes fármacos; también influye el tipo de forma farmacéutica (liberación retard, velotabs, normal…). Influye el estado nutricional del paciente, si presenta patología renal o hepática, así como la gran variabilidad inter e intraindividual que puede existir.

Ejemplos de interacciones clínicamente relevantes

Una interacción se considera clínicamente relevante cuando la actividad y/o toxicidad de un fármaco se modifica de tal manera que es necesario ajustar su dosis, tratar los efectos secundarios o incluso cambiar el tratamiento.

  • Estatinas y ciclosporina con pomelo: el pomelo inhibe la isoenzima CYP3Y4 del tracto gastrointestinal, por lo que aumenta el efecto y la toxicidad de estos fármacos, pudiendo producir efectos secundarios graves.
  • Anticoagulantes con alimentos ricos en vitamina K: estos pacientes deben moderar la ingesta de alimentos ricos en vitamina K porque puede disminuir el efecto anticoagulante (espinacas, col, cerveza, cebolla y ajo en grandes cantidades, etc).
  • Tetraciclinas y quinolonas con leche y derivados lácteos: la absorción del antibiótico se reduce hasta en un 50 % por la formación de complejos insolubles.
  • IMAOS con alimentos ricos en tiramina: pueden causar graves efectos secundarios, habrá que evitar los alimentos ricos en tiramina (quesos curados, alimentos fermentados..).
  • Bifosfonatos con alimentos: se deben tomar alejados de la comida porque así se favorece su absorción, y hay que tener en cuenta que la cafeína puede disminuir hasta en un 60% su absorción.
  • La soja interacciona con el tamoxifeno ya que contiene fitoestrógenos que actúan como antagonistas inhibidores de los isoenzimas CYP1A2 y CYP2C9.

¿Cuáles son las pautas generales a seguir?

La recomendación general es tomar la medicación siempre a la misma hora y de la misma forma todos los días.

De forma general debe evitarse el consumo de medicamentos con bebidas alcohólicas, con leche o derivados (si no se indica lo contrario), te o café, suplementos con fibra o zumo de pomelo. En el caso de producirse un cambio radical de dieta (vegetariano estricto…) se deberá tener en cuenta.

La medicación se puede tomar “con las comidas” que es durante o inmediatamente después de ingerir alimentos. Esto ayuda a disminuir las molestias digestivas que pueda provocar el fármaco.

O  “fuera de las comidas o en ayunas”, lo cual indica que hay que tomarlo con el estómago vacío, 1 hora antes o 2 horas después de las comidas, con una vaso de agua. Para evitar así posibles interferencias con los alimentos.

Fármacos que se recomiendan tomar en ayunas

  • Bifosfonatos, ciprofloxacino, ampicilina, cloxacilina, didanosina e indinavir.
  • Azitromicina, captoprilo, isoniazida y penicilina.

Fármacos que se recomiendan tomar con alimentos

  • Griseofulvina, atovacuona, diazepam, fenitoína, anticonceptivos.
  • Claritromicina, digoxina, carbamazepina e itraconazol.

¿Qué pasa si tomo mi medicación junto con alcohol o café?

El alcohol puede alterar los efectos de algunos fármacos, como del acenocumarol, la insulina y metformina, analgésicos…

La cafeína puede aumentar la absorción y biodisponibilidad del paracetamol, AAS y ergotamina.

¿Cuáles son las medidas de prevención que debemos tener en cuenta?

  • Cuando al paciente se le instaure una nueva medicación habrá que tener en cuenta toda la información reflejada en su historia clínica (fármacos que tome con o sin receta, automedicación, suplementos alimenticios, plantas medicinales, vitaminas, hábitos dietéticos, consumo de alcohol, tabaco…).
  • Valorar la necesidad de dar suplementos a que pacientes que tomen medicación crónica que causa déficit de vitaminas, como por ejemplo los que toman inhibidores de la bomba de protones.
  • Hay que tener especial cuidado en ancianos, embarazadas, pacientes de bajo peso corporal y con alteraciones renales.
  • Habrá que llevar una vigilancia especial en pacientes que toman medicamentos con estrecho margen terapéutico.
  • Para disminuir el riesgo de interacción medicamento-alimento, revisar la necesidad del tratamiento (desprescripcion).
  • Informar al paciente de las interacciones clínicamente relevantes medicación-alimento (sustituye a evitar asociaciones contraindicadas)

Entrada elaborada por Raquel Prieto Sánchez.

La autora trabaja actualmente como farmacéutica de Atención Primaria en la Gerencia de AP de Cantabria. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.

El FAP21 ante un nuevo reto profesional

La Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP) y, por ende, todos los profesionales que integramos el colectivo, ha recorrido desde su fundación dos etapas bien diferenciadas. La primera tuvo como protagonista la creación de la figura del farmacéutico de atención primaria en los servicios de salud que conforman el Sistema Nacional de Salud y su posterior consolidación en toda España. Dicha consolidación se logró definitivamente con la inclusión, en el artículo 81 de la Ley 29/2006 de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios, de nuestras funciones, a desempeñar en el ámbito de las unidades o servicios de farmacia de atención primaria.

La segunda etapa ha tenido como objetivo conseguir un viejo anhelo de los farmacéuticos de atención primaria: una formación especializada reglada, homogénea, de calidad, por la vía FIR, tal y como quedó recogida en el Real Decreto 639/2014 y que será pronto una realidad.

A partir de aquí, se abre una tercera etapa en la que la nueva especialidad, los modelos de gestión integrados y la atención farmacoterapéutica a una población ambulatoria progresivamente envejecida, pluripatológica y polimedicada plantean nuevos retos profesionales a la atención primaria, muchos de ellos ligados a un uso inadecuado de los medicamentos, a los que los FAP no podemos ser ajenos.

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En este contexto, los farmacéuticos de atención primaria tendremos ocasión de reunirnos, del 26 al 28 de octubre en Granada para celebrar el 21 Congreso de la SEFAP y aprovecharemos este evento, cuyo lema es, El FAP 21 ante un nuevo reto profesional, para analizar nuestro papel en los servicios de salud, debatir cuál queremos que sea nuestro futuro como profesionales sanitarios y hacia dónde queremos que se orienten nuestras funciones en un futuro inmediato.

Para este cometido se ha elegido la ciudad de Granada, que ha sido históricamente un cruce de caminos y un crisol cultural al que debe su relevancia histórica y su relevancia actual. En su Palacio de Congresos desarrollaremos un ambicioso programa científico que conjuga la apuesta decidida de la SEFAP por la investigación en atención primaria, la formación del más alto nivel y la participación de los congresistas en la discusión del nuevo modelo de farmacéutico de atención primaria: el FAP 21, en recuerdo al siglo en el que vivimos y a la edición del congreso que vamos a celebrar.

No es misión de esta entrada desgranar el programa científico o el cultural. Sólo te adelantaré que hemos contado con los mejores, que los temas son del máximo interés y actualidad y que celebraremos un multitudinario DAFO para que tengas ocasión de manifestar tus preferencias a la hora de forjar, entre todos, nuestra senda profesional.

Tienes toda la información en el web del congreso y en nuestra cuenta de Twitter, @Sefap21. Te recuerdo que el plazo para la presentación de comunicaciones se ha ampliado (de forma improrrogable) hasta el próximo 3 de julio.

En nombre de los comités organizador y científico, deseamos que cumpla tus expectativas y consiga alcanzar la máxima utilidad para todos. Te esperamos en Granada porque el FAP 21… eres tú.

Entrada elaborada por Carlos Fernández Oropesa. Presidente del Comité Científico.

El autor trabaja actualmente como farmacéutico de Atención Primaria en el Área de Gestión Sanitaria Nordeste de Granada. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.

Prácticas seguras para el uso de opioides en pacientes con dolor crónico

En 2015 el Ministerio de Sanidad publicó un documento de prácticas seguras, elaborado por un grupo multidisciplinar de expertos de 12 sociedades científicas relacionadas con el tratamiento de pacientes con dolor crónico, dirigido por Mª José Otero del ISMP-España.

papaver somniferumEste documento tiene como finalidad revisar la evidencia científica, establecer prácticas seguras consensuadas para evitar errores frecuentes con opioides y mejorar su seguridad en pacientes con dolor crónico.  

Para su desarrollo se ha utilizado una técnica Delphi a dos rondas, tras las cuales se consensuaron 122 prácticas dirigidas a instituciones sanitarias, profesionales sanitarios y a pacientes, familiares o cuidadores.

Instituciones sanitarias

Entre las practicas seguras dirigidas a instituciones sanitarias destacan:

  • La elaboración de guías y protocolos que contemplen: pautas de inicio, mantenimiento y rescate, selección de medicamentos, cálculo de dosis, manejo de pacientes de alto riesgo, interacciones y monitorización de tratamientos.
  • También se consideran prácticas seguras el promover la formación en el manejo del dolor crónico, el uso de técnicas de evaluación del dolor y test para valorar el riesgo de abuso, así como la difusión de errores de medicación asociados a los opioides.
  • Las instituciones deben facilitar la comunicación y cooperación entre los profesionales.
  • En el sistema de prescripción electrónica se pueden introducir protocolos estandarizados con las dosis habituales, alertas de duplicidades y de dosis máximas.
  • La consolidación de la historia clínica compartida e interoperable es un apoyo en la prescripción segura, sin embargo, los costes que genera su puesta en marcha no siempre son asumibles por las instituciones.
  • La selección de opiodes, reduciendo la variedad, concentraciones y  presentaciones, la ubicación en zonas separadas, el cuidadoso etiquetado de los envases similares para evitar errores de medicación, se han considerado prácticas que aumentan la seguridad dentro de las instituciones.
  • El consumo de naloxona se recomienda como indicador indirecto del abuso de opioides, sin embargo, este documento no incluye otros indicadores por la dificultad de obtener información necesaria para su cálculo.

Profesionales

Entre las prácticas seguras dirigidas a los profesionales sanitarios, el documento recoge 31 orientadas a procedimientos y 44 a medicamentos asociados a errores, que no pueden faltar entre las herramientas que manejan diariamente los médicos.

Estas recomendaciones son un excelente recopilatorio de prácticas seguras, en las  que se recogen desde la necesidad de revisar todos los tratamientos y detectar factores que puedan afectar la prescripción de opioides, como por ejemplo el uso concomitante con  benzodiacepinas, hasta el rigor que se debe seguir en la prescripción en pacientes con dolor crónico oncológico y no oncológico.  También incluye prácticas específicas para cada opioide: morfina, fentanilo, oxicodona e hidromorfona y destaca la necesidad de garantizar la conciliación de los tratamientos con opiodes, cuando hay transiciones entre diferentes niveles asistenciales, así como la de hacer partícipes a los propios pacientes de su tratamiento.

Sin embargo, se echan en falta otras actuaciones específicas centradas en prácticas no seguras que se están extendiendo en nuestro medio, entre las que podemos mencionar:

  • Uso de fentanilo transdérmico en pacientes naïve, titulando con distintas presentaciones de parches. Dado que la experiencia clínica es limitada en pacientes sin tratamiento previo con opioides, es aconsejable en estos casos administrar dosis bajas de opioides de liberación inmediata (morfina, hidromorfona, oxicodona, tramadol o codeína) hasta alcanzar la dosis equianalgésica a fentanilo 25 μg/h, tal y como consta en su ficha técnica.
  • Uso por parte de los pacientes de medicación de rescate de forma pautada, no a demanda. En este aspecto es muy útil que los profesionales asesoren a los pacientes para que lleven un diario del dolor, en el que registren, entre otros, las veces que necesitan utilizar medicación de rescate.
  • Pautar los parches de fentanilo cada 48 h, en vez de 72 h, de forma sistemática, para evitar el dolor por fallo de final de dosis.
  • Muchos profesionales no conocen o no manejan herramientas como el Opioid Risk Tool, recomendada para detectar pacientes que pueden ser propensos a conductas adictivas. Se compone sólo de 5 ítems. En los pacientes de riesgo el seguimiento ha de ser especialmente estrecho.
  • Uso generalizado de formas de liberación rápida de fentanilo transmucosa para el dolor disruptivo crónico de origen no oncológico. Dado que es un uso fuera de ficha técnica, el RD 1015/2009, que regula la disponibilidad de medicamentos en situaciones especiales, establece que este uso debe ser “excepcional“ y que el médico prescriptor debe justificar en la historia clínica la necesidad de su uso, obtener su consentimiento informado, notificar las sospechas de reacciones adversas y respetar las restricciones y el protocolo terapéutico asistencial del centro sanitario, si los hubiera. En cuanto a este último requisito, dado que lo excepcional se está convirtiendo en habitual, los centros sanitarios deberían elaborar protocolos que respalden estas prácticas.

Pacientes

Como último eslabón en la cadena de utilización de opioides, los pacientes, cuidadores y familiares juegan un papel muy importante, por ello, otra práctica segura recogida en el documento es que se les debe informar de los objetivos del tratamiento y de los riesgos, estableciendo un Plan Individualizado de Tratamiento y un calendario de visitas. Esto ayudará al adecuado cumplimiento y a disminuir los riesgos asociados.

El paciente debe jugar un papel protagonista y activo en la compresión de su patología y tratamiento, por lo que han de:

    • Comunicar a los profesionales sanitarios sus tratamientos y patologías concomitantes.
    • Entender el plan de tratamiento y el correcto uso, manipulación y control de estos fármacos.
    • Nunca deberán quedarse con dudas tras las consultas.
    • Asegurar un correcto cumplimiento de la dosis y posología.
    • Evitar manipular las formas farmacéuticas.
    • Aprender a identificar su patología, diferenciando el dolor irruptivo que pueda precisar medicación de rescate.
    • Llevar un “calendario o diario de dolor.”
    • Conocer los riesgos de su uso, de su mal uso o abuso, de la interrupción inadecuada, y de la influencia que estos fármacos tienen sobre las actividades diarias.
    • Conocer cómo se deben almacenar y desechar correctamente.
    • Disponer de datos de contacto de profesionales sanitarios para resolver sus dudas.

 

Como conclusión, los analgésicos opioides tienen indudables beneficios, pero también son responsables de numerosos eventos adversos, algunos de ellos prevenibles, por lo que es necesario implementar prácticas seguras para minimizarlos y evitar daños innecesarios a los pacientes. La disponibilidad de esta relación de prácticas seguras, dirigidas a evitar los errores más frecuentes en el uso de opioides en pacientes con dolor crónico, facilitará el desarrollo de herramientas e intervenciones para su traslado a la práctica asistencial, lo que contribuirá a mejorar la seguridad en el uso de estos fármacos.

Entrada elaborada por María Belén de la Hija, Virginia Arroyo Pineda y Reyes García Díaz-Guerra.

Las autoras trabajan actualmente en el Servicio de Farmacia de Atención Primaria de la Gerencia de Atención Integrada de Talavera de la Reina del SESCAM. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.

Valoración del riesgo/beneficio en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. A propósito de una interacción

La enfermedad de Alzheimer (EA) es el tipo de demencia más frecuente y representa hasta el 70% de los casos de demencia. Aunque actualmente no se conoce ningún tratamiento capaz de curar o prevenir la enfermedad, están comercializados en España para su tratamiento sintomático: a) Inhibidores de la acetilcolinesterasa (IACE): donepezilo, rivastigmina y galantamina; autorizados para la EA leve o moderada; b) Antagonista no competitivo de los receptores de N-metil D-Aspartato: memantina; autorizado para la EA moderada y grave.

anciano demenciaCon el fin de tratar comorbilidades asociadas a los IACE, es frecuente la prescripción de fármacos con efectos anticolinérgicos en pacientes con EA. Su uso contrarresta la modesta eficacia de los IACE, dado que ejercen su efecto farmacológico por un mecanismo de acción opuesto y favorecen la aparición de toxicidad anticolinérgica, que se asocia con múltiples efectos adversos sobre el sistema nervioso, tanto periféricos (sequedad de boca, estreñimiento, retención urinaria o visión borrosa, entre otros) como centrales (delirium y deterioro cognitivo). La intensidad de los efectos adversos aumenta cuanto mayor es la edad del paciente, su carga anticolinérgica acumulada por el conjunto de medicamentos y peor es su función cognitiva basal. Por estos motivos, los anticolinérgicos se consideran fármacos inapropiados en pacientes de edad avanzada y con demencia.

Teniendo en cuenta lo desaconsejado de esta combinación de medicamentos, el servicio de farmacia de Atención Primaria realizó una intervención en el área sanitaria para conocer la prevalencia de prescripción concomitante de IACE y anticolinérgicos en un Área de Salud, identificar los pacientes afectados por la interacción descrita e informar a los médicos responsables para valorar la idoneidad de los tratamientos y mejorar su eficacia y seguridad.

Para ello, se seleccionaron todos los pacientes en tratamiento con IACE y algún fármaco anticolinérgico en el primer trimestre de 2015. Para la identificación de anticolinérgicos, se utilizó como referencia la revisión de Durán et al., asignando una puntuación a cada fármaco en función de su potencia anticolinérgica. Los datos de fármacos dispensados, edad y sexo de los pacientes, fueron obtenidos del Sistema de Información de Consumo Farmacéutico Concylia, que contiene información sobre especialidades farmacéuticas dispensadas con receta del SNS por las oficinas de farmacia de Castilla y León.

Se proporcionó a cada médico una nota informativa sobre la interacción, la relación de pacientes afectados y recomendaciones para optimizar la farmacoterapia en la EA:

  • Antes de iniciar tratamiento para la EA, revisar el plan terapéutico con el fin de minimizar o retirar, si es posible, fármacos con efectos anticolinérgicos.
  • En caso de que sea necesario iniciar tratamiento con antipsicóticos, son de elección risperidona o haloperidol, durante el menor tiempo posible.
  • Hacer un seguimiento regular del paciente y valorar la retirada del IACE o memantina si se detecta falta de eficacia o en caso de que ésta sea incierta.

Bajo estos criterios se incluyeron 486 pacientes, lo que supone un 59,0% sobre el total de pacientes con EA del Área. El 66,0% eran mujeres, 86,8% mayores de 75 años y tenían prescritos una media de 9,2 fármacos/paciente. El número medio de fármacos anticolinérgicos por paciente fue 1,6; el 38,3% de ellos tenían prescritos varios fármacos anticolinérgicos y el 23,9% algún fármaco de alta potencia anticolinérgica. En cuanto a la carga anticolinérgica acumulada por paciente, 442 (90,9%) obtuvieron una puntuación entre 1 y 3 y 44 (9,1%) obtuvieron una puntuación entre 4 y 6; estos últimos, con un promedio de 80,3 años y 3,5 fármacos anticolinérgicos/paciente.

En la población mayor de 65 años, se encontró una asociación estadísticamente significativa entre tomar IACE y tomar anticolinérgicos de forma concomitante (p<0,001). Es más probable tomar anticolinérgicos entre quienes toman IACE que entre los que no toman IACE (OR = 3,9; IC = [3,4-4,6]). Los grupos terapéuticos más frecuentemente implicados en la interacción con los IACE fueron antidepresivos (37,0%) y antipsicóticos (31,9%).

A la vista de los resultados obtenidos se puede concluir que la prevalencia de la interacción entre IACE y anticolinérgicos es relevante (más de la mitad de los pacientes con EA), considerando que además afecta a población vulnerable. Proporcionar a los médicos información en base a la evidencia disponible sobre la interacción, los fármacos implicados y su potencia anticolinérgica, podría ser una herramienta de ayuda a la toma de decisiones clínicas, que permitiría mejorar la seguridad y los resultados en salud de los pacientes.

Entrada elaborada por María Jesús Hernández Arroyo y Alfonso Díaz Madero

Los autores trabajan actualmente en el Servicio de Farmacia de la Gerencia de Atención Primaria de Zamora. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrollan su actividad profesional.

Antidepresivos, antipsicóticos y prolongación del intervalo QT: un factor de riesgo para sufrir TdP

En anteriores entradas hemos tratado el tema de las Reacciones Adversas a Medicamentos (RAM) y a su relación con diversos factores, como la polimedicación, que hacen que algunos pacientes sean más susceptibles a sufrirlas que otros. Así, los ancianos son una población especialmente vulnerable, en la que la polimedicación se ha asociado con un incremento de la mortalidad.

Entre los medicamentos comúnmente prescritos en ancianos destacan los antidepresivos, antipsicóticos, hipnóticos y sedantes, empleados en numerosas situaciones clínicas. Es conocido el incremento del riesgo de muerte asociado al uso de antipsicóticos, especialmente en ancianos con demencia. Asimismo, existe evidencia que relaciona un incremento del riesgo de muerte con el tratamiento con antidepresivos. Una posible explicación a esta relación es la capacidad de ciertos antipsicóticos y antidepresivos de prolongar el intervalo QT.

El intervalo QT se define como el tiempo entre el inicio del complejo QRS y el final de la onda T y representa el tiempo comprendido entre la despolarización y la repolarización ventricular (Figura 1).

ECG

Figura 1. Intervalo QT en el ECG (Boletín Infac)

La prolongación del intervalo QT puede ser el origen de una taquicardia ventricular polimórfica denominada “Torsión de Puntas” (TdP o Torsades de Pointes), que puede manifestarse con síncope, mareos o palpitaciones, Habitualmente se resuelve de forma espontánea; pero en ocasiones, produce fibrilación auricular y se relaciona con muerte súbita cardíaca.

El riesgo de presentar prolongación del intervalo QT se incrementa especialmente en pacientes polimedicados y en los que concurren distintos factores de riesgo. Generalmente, el mecanismo por el que determinados medicamentos prolongan el intervalo QT se relaciona con el bloqueo de los canales de potasio cardiacos.

La prolongación del intervalo QT podría darse a dosis superiores a las recomendadas o a las dosis recomendadas en caso de interacciones medicamentosas de tipo farmacocinético (por ejemplo, si se administran de forma concomitante con medicamentos que inhiben el citocromo P450). También se produce cuando se administren de forma conjunta dos fármacos que prolonguen el QT directa o indirectamente (interacción medicamentosa de tipo farmacodinámico).

Muestra de la importancia y gravedad de este efecto secundario es la existencia de una clasificación de medicamentos según su riesgo de TdP, accesible a través de internet mediante registro gratuito. En ella se encuentran los listados actualizados de medicamentos que prolongan el intervalo QT agrupados en tres grupos según su riesgo de producir TdP:

  • conocido (tienen riesgo de provocar TdP cuando se utilizan en sus indicaciones autorizadas),
  • posible (la evidencia disponible sugiere que pueden prolongar el intervalo QT, pero no hay pruebas suficientes de que provoquen TdP al usarlos en sus indicaciones autorizadas) o
  • condicional (sólo cuando se dan otros factores de riesgo concurrentes). Sin embargo, no aporta información sobre la magnitud de dicho riesgo.

En relación a lo anterior, traemos a colación un trabajo cuyo objetivo fue estudiar la asociación entre la prescripción de antidepresivos y antipsicóticos (con diferentes riesgos de TdP) y riesgo de mortalidad por cualquier causa en mayores de 65 años. Se emplearon las tres categorías del párrafo anterior (conocido, posible o condicional) y se añadió una cuarta (sin clasificar). Se trata de un estudio de casos-controles llevado a cabo en Suecia en el que se incluyeron aquellos pacientes de edad ≧ 65 años fallecidos fuera del hospital entre 2008 y 2013 (n= 286.092) frente a 1.430.460 controles.

El uso de antidepresivos catalogados como de riesgo de TdP conocido o posible se relacionó con un mayor riesgo ajustado de mortalidad (1,53; IC95% 1,51-1,56) y  (1,63; IC95% 1,61-1,67) respectivamente, en comparación con aquellos catalogados como de riesgo condicional (1,25; IC95% 1,22-1,28) o sin clasificar (0,99; IC95%  0,94- 1,05). Por su parte, los antipsicóticos clasificados como de riesgo conocido se asociaron con un riesgo mayor (4,57; IC95% 4,37-4,78) que los de riesgo posible (2,58; IC95% 2,52-2,64) o sin clasificar (2,14; IC95% 2,03-2,65).

Al desagregar por moléculas, las de mayor riesgo fueron mirtazapina > citalopram > sertralina > amitriptilina en antidepresivos y haloperidol > risperidona >olanzapina > quetiapina en antipsicóticos.

A la vista de estos resultados y dada la alta prevalencia de utilización de antidepresivos y antipsicóticos en España, cobran más importancia intervenciones realizadas por servicios de farmacia de Atención Primaria, destinadas a mejorar la seguridad en la prescripción de estos medicamentos. Así, parece más sensato que empecemos a afrontar estas cuestiones de forma proactiva y más, si contamos con herramientas como los criterios de Beers y los STOPP que han demostrado su validez y utilidad como predictores de Reacciones Adversas a Medicamentos, atención en Servicios de Urgencias y hospitalización.

A veces, uno se siente como un disco rayado cuando un día sí y el otro también, insiste sobre la importancia de conceptos como la prescripción prudente, la revisión sistemática y periódica de los tratamientos y, en caso necesario, la deprescripción o retirada de los mismos. Sin embargo, nuestro convencimiento de estar en lo cierto nos impulsa a ello.  Se dice que cuando a Voltaire le reprochaban volver una y otra vez sobre lo mismo, él respondía: “Me repetiré hasta que me entiendan”. Pues nada, en eso mismo estamos nosotros.

Entrada elaborada por Rafael Páez Valle

Farmacéutico de Atención Primaria

El autor trabaja actualmente en el Distrito Sanitario Costa del Sol (Málaga). La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.