Desarrollo de una nueva herramienta para la deprescripción: los Criterios LESS-CHRON

El tema de la deprescripción ha sido tratado en varias ocasiones en este Blog; en concreto, hemos tratado las principales barreras que afectan a este proceso, entre ellas, algunas como la dificultad que presenta, en la práctica clínica real, interrumpir a un paciente un medicamento con el que lleva meses o años en tratamiento.

Dentro de esas barreras relacionadas con el prescriptor, está la falta de confianza a la hora de retirar un medicamento bien por la incertidumbre sobre sus consecuencias o bien por tratarse de tratamientos instaurados por otro profesional, de ahí que la existencia de guías o herramientas de deprescripción basadas en la evidencia podría ayudar a superar esta barrera.

superar barreras

Recientemente, un grupo de autores españoles ha validado y publicado unos criterios aplicables a la población mayor con multimorbilidad: los criterios LESS-CHRON (List of Evidence-baSed depreScribing for CHRONic patients) y que pasamos a detallar:

 

¿Cuál era el objetivo de este trabajo?

Según sus autores, identificar y seleccionar una lista de medicamentos y situaciones clínicas concretas que, en caso de coincidir, generaban una oportunidad para la deprescripción y a partir de ella, elaborar una herramienta útil para la práctica clínica.

Así, se trataba de identificar situaciones clínicas en las cuales una prescripción originalmente apropiada pasaba a ser inapropiada y además, proporcionar indicaciones concretas sobre la monitorización del paciente tras la retirada (qué controlar y durante cuánto tiempo), aspectos ambos que diferencian a estos criterios de otros ampliamente conocidos como los de Beers y los STOPP/START (éstos últimos han sido recientemente actualizados para pacientes ancianos y con una esperanza de vida reducida y publicados como STOPPFrail, aunque siguen sin proporcionar pautas para su monitorización tras la retirada).

¿A qué pacientes van dirigidos?

Los autores se refieren en el trabajo al concepto de paciente pluripatológico, entendiéndolo como aquel paciente que presenta dos o más patologías crónicas, complejas y potencialmente invalidantes. Como características comunes de estos pacientes se citan un mal pronóstico a medio plazo, un alto grado de fragilidad y dependencia, ingresos hospitalarios frecuentes, polimedicación y riesgo elevado de sufrir reacciones adversas a medicamentos (RAM).

¿Qué metodología emplearon?

El estudio se realizó siguiendo una metodología Delphi, combinando una recopilación y selección de la evidencia científica (51 artículos) con la opinión de un panel de 11 expertos (4 farmacéuticos hospitalarios, 3 internistas, 3 médicos de familia y 1 farmacéutico de atención primaria).

¿Cuál fue el resultado?

Se seleccionaron los 27 criterios que se detallan a continuación:

Medicamento Indicación original Condiciones para deprescripción Monitorizar Seguimiento
Digestivo y metabolismo
ADOs (excepto metformina) DM2 Edad ≥80 años

Diabetes de >10 años de evolución en tratamiento con insulina

HbA1c < 8,5% 3 meses
Acarbosa DM2 Tratamiento no en monoterapia HbA1c < 8,5% 3 meses
Metformina DM2 IMC bajo.

Tratamiento con insulina

Cambios en el peso 3 meses
Suplementos de calcio/vit D Profilaxis de fracturas Paciente incapaz de andar e Índice de Barthel <60 Nueva fractura No
Sangre
Anticoagulantes orales Fibrilación auricular Pfeiffer ≥8

PROFUND ≥11

Riesgo alto de caídas

No No
AAS Prevención primaria La edad como único factor de riesgo SCA No
Clopidogrel + AAS Prevención de recurrencias del SCA Más de 1 año con doble antiagregación: retire uno de ellos SCA 3 meses
Cardiovascular
Antihipertensivos Hipertensión arterial Pacientes >80 años con presión sistótica <160 mmHg y más de un antihipertensivo:retire uno que no sea de primera línea Presión arterial 3 meses
Estatinas Prevención primaria Edad ≥80 años Eventos cardiovasculares No
Prevención secundaria Pfeiffer ≥8 Niveles de HDL y LDL No
Nimodipino Profilaxis del deterioro neurológico Tratamiento a largo plazo (≥1 año) Deterioro cognitivo 3 meses
Genitourinario
Anticolinérgicos Incontinencia urinaria Uso de absorbentes.

Empeoramiento de la demencia en pacientes en tratamiento con anticolinesterá-sicos

Incontinencia 1 mes
Bloquenates alfa-adrenérgicos HBP Paciente asintomático o cuyos síntomas no afectan a su calidad de vida Síntomas de la HBP 2 meses
Alopurinol Prevención secundaria >5 años sin ataques de gota Ataque de gota No
Musculoesquelético
Bifosfonatos Prevención primaria ≥5 años de tratamiento Nueva fractura 1 año
Prevención secundaria Paciente incapaz de andar Nueva fractura 6 meses
Sistema nervioso
Haloperidol

Risperidona

Quetiapina

Delirio durante la hospitalización Ausencia de alteraciones del comportamiento en el mes anterior Cambios en el comportamiento.

Agitación

1 mes
Benzodiazepinas Ansiedad Ausencia de episodios ansiosos en el mes anterior Ansiedad 1 mes
Benzodiazepinas y fármacos Z Insomnio Ausencia de insomnio en el mes anterior Sueño 1 mes
Antidepresivos Depresión reactiva Vuelta al estado de ánimo basal tras ≥6 meses de tratamiento Recurrencia de los síntomas depresivos 2 meses
Alteraciones del comportamiento en Alzheimer Alzheimer avanzado GDS >6 Alteraciones del comportamiento.

Agitación

2 meses
Anticolinesterásicos Alzheimer En combinación con memantina: retire uno de los dos.

Alzheimer avanzado GDS >6 o no respuesta al tratamiento en el año anterior

Alteraciones del comportamiento.

Agitación

2 meses
Citicolina Demencia vascular Pfeiffer >8 Capacidades cognitivas y funcionales 3 meses
Respiratorio
Mucolíticos y expectorantes Enfermedad broncopulmonar Estabilidad de la patología de base Mucosidad.

Capacidad respiratoria

1 mes

Comentario:

Nos encontramos aquí con una herramienta que debemos contemplar no como una lista de criterios de obligado cumplimiento, sino como un punto de partida para abordar, en nuestros entornos clínicos, el complicado proceso de la deprescripción.

Por una parte, presenta como indudables fortalezas el haber sido diseñada en España, por lo que responde a nuestra realidad asistencial, y por un equipo multidisciplinar (médicos y farmacéuticos) e interniveles (primaria y especializada). Entre sus limitaciones, no podemos dejar de mencionar el reducido número de expertos del panel, la ausencia de profesionales de enfermería entre los mismos y que alguno de los criterios seleccionados en la lista definitiva carecen de una evidencia sólida que los respalde.

Posiblemente, ni están todos los que son ni son todos los que están, pero nos parece un paso más en la dirección correcta. Sólo con el respaldo de la evidencia, el compromiso de los profesionales y el acuerdo del paciente, podremos avanzar.

 

Entrada elaborada por Rafael Páez Valle. Farmacéutico de Atención Primaria.

El autor trabaja actualmente en el Servicio de Farmacia del Distrito Sanitario Costa del Sol (Málaga). La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.

Anticolinérgicos en ancianos: sigue creciendo la evidencia que desaconseja su uso

ancianoNumerosos medicamentos que se emplean en diversas indicaciones clínicas como la depresión, psicosis, Parkinson, espasmos musculares, alergia, hipersecreción ácida, náuseas y vómitos, alteraciones de la motilidad intestinal, vejiga hiperactiva y EPOC presentan actividad anticolinérgica asociada. Se da la circunstancia de que los ancianos presentan una alta probabilidad de exposición a estos medicamentos por su alto número de comorbilidades y su condición de polimedicados.

La amplia distribución de los receptores muscarínicos en el Sistema Nervioso Central  y en el resto del organismo explica la gran variedad de efectos adversos de estos medicamentos tanto a nivel periférico (estreñimiento, sequedad oral y ocular, taquicardia y retención urinaria) como central (agitación, confusión, delirio, caídas, alucinaciones y alteraciones cognitivas). Así, dado su potencial de efectos adversos en una población tan vulnerable como son los ancianos, estos medicamentos ya han sido identificados entre los prioritarios a la hora de acometer programas de deprescripción en estos pacientes, además de motivar la emisión de recomendaciones para minimizar sus efectos adversos.

Para tratar de aportar más información sobre esta cuestión, se llevó a cabo el estudio que traemos hoy a colación, cuyo objetivo era investigar la asociación entre el uso de fármacos anticolinérgicos y el deterioro cognitivo, las caídas y la mortalidad por cualquier causa en ancianos.

Los autores llevaron a cabo una búsqueda bibliográfica -incluyendo ensayos clínicos aleatorizados, estudios de cohortes y estudios de caso-control prospectivos y retrospectivos-, sobre el uso de anticolinérgicos en pacientes de 65 o más años de edad, que incluyeran variables de resultado de caídas, deterioro cognitivo y mortalidad por cualquier causa. Los resultados de los estudios individuales se agruparon mediante la técnica del metanálisis. Finalmente, se seleccionaron 18 estudios que cumplían los criterios de inclusión (124.286 participantes en total).

Dada la gran variabilidad de los estudios analizados, el grado de exposición a los anticolinérgicos se analizó de diferentes formas: en algunos casos según su grupo terapéutico, en otros según cada medicamento en concreto y también empleando diferentes escalas de medida de la actividad anticolinérgica (ACB, ADS, ARS y DBIAC ). Estas escalas son una herramienta muy útil para determinar la relación entre la exposición global a fármacos anticolinérgicos y la aparición de efectos adversos. Sin embargo, tienen el inconveniente de que algunas de ellas clasifican los medicamentos en base a criterios que no son necesariamente su afinidad por los receptores muscarínicos, lo que hace que en ciertas escalas se incluyan medicamentos que carecen por completo de afinidad por dichos receptores.

La exposición a medicamentos anticolinérgicos se asoció con la aparición de deterioro cognitivo (OR 1,45 [1,16-1,73]). Olanzapina y trazodona se asociaron a un aumento del riesgo de sufrir una caída (OR 2,16 [1,05-4,44] y RR 1,79 [1,60-1,97], respectivamente) asociación no observada en el caso de amitriptilina, paroxetina y risperidona (RR 1,73 [0,81-2,65], RR 1,80 [0,81-2,79] y RR 1,39 [0,59-3,26], respectivamente). Un aumento de una unidad en la escala ACB multiplicó por 2 la probabilidad de muerte por cualquier causa (OR 2,06 [1,82-2,33]), efecto no observado con la escala DBIAC (OR 0,88 [0,55-1,42]) o con la ARS (OR 3,56 [0,29-43,27]).

A modo de resumen, lo que nos dicen los resultados de este estudio es que algunos medicamentos anticolinérgicos concretos o un aumento de la exposición global a los mismos pueden estar relacionados con un incremento del riesgo de deterioro cognitivo, caídas y muerte por cualquier causa en ancianos.

A pesar de que la asociación entre el uso de anticolinérgicos y la aparición de alteraciones cognitivas en ancianos es conocida desde hace tiempo, no dejan de aparecer nuevos estudios que alertan sobre el aumento del riesgo de demencia en ancianos tratados con estos medicamentos, y este trabajo es una más de las gotas que, poco a poco, van colmando el vaso de la evidencia. Así, en pacientes ancianos parece cada vez más evidente la importancia de valorar en cada caso particular la necesidad del tratamiento con este tipo de medicamentos, teniendo en cuenta la seguridad de cada uno de los fármacos y la carga anticolinérgica total por un lado, y la magnitud del beneficio clínico esperado, por otro.

Entrada elaborada por Rafael Páez Valle

La deprescripción en ancianos. ¿Cuándo, qué, cómo y a quién?

legosHace unas semanas publicábamos una entrada que, con el título de Las prescripciones potencialmente inapropiadas en ancianos: ¿Un problema irresoluble?, trataba el tema de la deprescripción y las barreras y facilitadores que, desde el punto de vista de los prescriptores, afectaban a este proceso. Entre las barreras que lo dificultan, se encontraba la incertidumbre y el miedo a las consecuencias negativas o desconocidas al suspender el medicamento. La existencia de guías de deprescripción basadas en la evidencia podría ayudar a superar esta barrera. Sin embargo, dado el elevado número de grupos de medicamentos potencialmente inapropiados en ancianos, el establecer prioridades entre ellos se revela como un proceso complejo. ¿Por dónde empezar?

Para intentar dar una respuesta a esa pregunta, hoy traemos un estudio canadiense publicado en la revista PLoS que trata de identificar y priorizar aquellos grupos de medicamentos en los que sería más útil  la elaboración de estas guías de deprescripción basadas en la evidencia, empleando para ello una técnica Delphi.

En primer lugar, un grupo formado por 2 médicos de familia y 3 farmacéuticos -todos con experiencia en el tratamiento de pacientes geriátricos-, junto con un sociólogo, llevó a cabo una revisión bibliográfica para identificar y elaborar un listado de medicamentos potencialmente inapropiados en ancianos.

A continuación, este listado fue sometido a la consideración de un panel de 65 expertos formado por profesionales de la medicina (19), la farmacia (36) y la enfermería (10), con experiencia clínica y/o experiencia docente y/o experiencia investigadora relacionadas con el tratamiento farmacológico de pacientes ancianos. Se llevaron a cabo tres rondas, clasificando los medicamentos según el grado de “necesidad” de contar con una guía de deprescripción, su efectividad y su potencial de efectos adversos en ancianos, la disponibilidad de alternativas farmacológicas y la posibilidad de elaborar una guía basada en la evidencia.

tabla5

Las cinco prioridades identificadas fueron: benzodiacepinas, antipsicóticos atípicos, estatinas, antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la bomba de protones.

Tanto las benzodiacepinas como los antipsicóticos atípicos aparecen en los Criterios de Beers y los participantes en el Delphi destacaron de ambos grupos de medicamentos su potencial de efectos adversos y los síntomas que aparecen al retirarlos.

La selección de las estatinas se debió a varias razones: dudas sobre su efectividad (por ausencia de pacientes ancianos en los ensayos clínicos e inexistencia de objetivos de tratamiento variables según la edad) y aumento de la preocupación por sus efectos adversos y el sobretratamiento en pacientes de bajo riesgo.

La aparición en el ranking de los antidepresivos tricíclicos está relacionada tanto con las dificultades que presenta su retirada, debido a los miedos de los médicos a que aparezcan alteraciones del sueño o del estado de ánimo, junto con el temor que inspiran otros efectos adversos como los cuadros confusionales y las caídas.

Por último, los inhibidores de la bomba de protones aparecen en quinto lugar por su sobreutilización y la dificultad de su retirada debido a la posible reaparición de los síntomas.

Además de esos cinco, el Delphi identificó otros 9 grupos de medicamentos que precisarían de una guía de deprescripción basada en la evidencia, prestando especial atención a:

  • Medicamentos cuyo uso prolongado haya sido puesto en cuestión (bifosfonatos, anticonvulsivantes).
  • Medicamentos instaurados por especialistas pero cuya continuación depende del médico de familia (betabloqueantes, anticoagulantes, inhibidores de la acetilcolinesterasa).
  • Tratamientos sintomáticos con un balance beneficio/riesgo dudoso (anticolinérgicos para la incontinencia urinaria, opioides, inhibidores de la recaptación de serotonina, antipsicóticos típicos).

Muchos de los medicamentos y grupos de medicamentos identificados en el estudio coinciden con los tratados en este Boletín Infac sobre deprescripción, lo que sugiere que sus resultados podrían ser aplicables a nuestro medio. Los adultos, especialmente los ancianos, a menudo presentan pluripatología que conlleva múltiple medicación. Los profesionales sanitarios trabajan en una cultura que promueve el diagnóstico y la prescripción, pero que presta relativamente poca atención a reducir o retirar medicación crónica.

La polimedicación y el sobretratamiento son dos realidades instauradas en nuestra práctica asistencial y las guías de deprescripción basadas en la evidencia podrían ser herramientas muy útiles en la atención a los ancianos, ayudándonos a dar respuesta a los interrogantes que planteábamos en el título de esta entrada: deprescribir, ¿cuándo, qué, cómo y a quién? Así pues, ¿nos ponemos a ello?

Entrada elaborada por Rafael Páez Valle

Las prescripciones potencialmente inapropiadas en ancianos: ¿Un problema irresoluble?

Hablamos de prescripciones potencialmente inapropiadas cuando el perjuicio real o potencial de un tratamiento supera al beneficio. Las reacciones adversas a medicamentos (RAM) son una causa importante de morbilidad, especialmente entre los ancianos. Esto es debido a que en estos pacientes confluyen varias circunstancias que hacen que estén más expuestos a las mismas, como cambios fisiológicos que afectan a la farmacocinética de los medicamentos, problemas para su manejo y tendencia a la polimedicación, que en estos pacientes es cercana al 50%, con un consumo promedio de 8 medicamentos por paciente.

7089407711_0a90f0f93b_zExisten dos formas, complementarias, de minimizar este problema. La primera consiste en promover lo que se denomina una prescripción prudente (que ha dado lugar en España a la creación de iniciativas tan interesantes como ésta). La segunda se basa en revisar sistemáticamente los medicamentos que toman los pacientes y retirar los innecesarios, considerando la posibilidad de sustituirlos por medidas no farmacológicas y evitando de esta forma su cronificación. Para facilitar esta tarea se han desarrollado diversas herramientas que facilitan la identificación de la prescripción inapropiada, aportando recomendaciones sobre los medicamentos que habría que evitar en función de la situación clínica individual de cada paciente. Los más conocidos son los criterios de Beers, aunque son de poca aplicación en nuestro país debido a ciertas deficiencias. En 2008, se publicaron los criterios STOPP-START, de los que se han propuesto varias modificaciones y una reciente actualización y ampliación (aquí en español). Los criterios STOPP (Screening Tool of Older Person’s potentially inappropriate Prescriptions) comprenden 65 indicadores de prescripción potencialmente inapropiados que incluyen interacciones medicamento-medicamento y medicamento- situación clínica, duplicidad terapéutica, así como medicamentos que incrementan el riesgo de deterioro cognitivo y caídas en ancianos. Como bien sabemos, aunque en muchas ocasiones leamos “duración de tratamiento indefinida” en informes clínicos, no hay “medicamento de por vida”. De este modo, un medicamento puede ser útil y adecuado en un momento dado, pero si las circunstancias cambian, puede dejar de serlo.

Unido al proceso de revisión de los tratamientos surge un concepto novedoso: el de la deprescripción, es decir, modificar o suspender los tratamientos potencialmente inadecuados. Se trata de un procedimiento complejo, sometido a múltiples condicionantes externos y que precisa de un abordaje estructurado y multidisciplinar. Sin embargo, en la práctica, interrumpir a un paciente un medicamento con el que lleva meses o años se ve complicado por numerosos factores relacionados con pacientes y prescriptores, por lo que las prescripciones inapropiadas tienen tendencia a cronificarse.

Recientemente se ha publicado un artículo que identificaba, mediante una revisión sistemática cualitativa de 21 estudios, los factores facilitadores y las barreras para minimizar las prescripciones potencialmente inapropiadas desde el punto de vista de los prescriptores. Las barreras y  facilitadores identificados se englobaron dentro de cuatro grandes grupos, siendo los tres primeros intrínsecos al prescriptor y el cuarto, extrínseco.

  •  Conciencia, referida al nivel de conocimiento que el prescriptor tiene de lo apropiado o no de su propia prescripción. Un conocimiento bajo se identificó como una barrera para la deprescripción, mientras que como facilitadores se identificaron las intervenciones encaminadas a mejorar la formación de los facultativos.
  • Inercia, referida a la ausencia de intervención a pesar de tener conciencia de que una prescripción es potencialmente inadecuada. Dentro de este apartado se engloban barreras como el miedo a las consecuencias negativas o desconocidas al suspender el medicamento, tanto del prescriptor (descrédito profesional, aumento de la carga de trabajo, potenciales conflictos con el paciente u otros profesionales sanitarios), como del paciente (síndrome de abstinencia, recaídas o empeoramiento de su situación clínica). Como barrera se identificó también la subestimación por parte del prescriptor de los efectos adversos de los medicamentos, la delegación de responsabilidad en el caso de prescripciones inducidas, “heredadas” de otros profesionales o a demanda del paciente. Como factores facilitadores se describieron, por el contrario, el miedo a las consecuencias de no interrumpir el tratamiento y una buena actitud frente a la deprescripción y a sus beneficios.
  • Autoeficacia, que engloba factores que influyen en las creencias del prescriptor y en su confianza en la propia habilidad para gestionar las prescripciones potencialmente inapropiadas. En este apartado se incluyen barreras y facilitadores relacionados con el conocimiento, habilidades, actitudes, influencias, información y mecanismos de apoyo a las decisiones.
  • Viabilidad, referida a factores externos al prescriptor que influyen en la posibilidad o factibilidad del cambio. Se engloban en este apartado las características del paciente, la disponibilidad de recursos, los procedimientos de trabajo, las creencias y la cultura sanitaria de los profesionales y usuarios y la normativa legal vigente.

Con todas sus limitaciones, este estudio trata de arrojar algo de luz sobre esa multitud de factores que influyen en el proceso de la deprescripción. ¿Por qué se terminan cronificando tantos tratamientos? ¿Por qué, a pesar de las numerosas campañas institucionales que se emprenden, el problema no parece atajarse? La respuesta a estas preguntas ya ha dado para alguna entrada en este blog y daría para muchas más, pero esta reflexión de Enrique Gavilán, Laura Jiménez y Antonio Villafaina nos parece clave:

(…) cualquier aproximación al problema de la polimedicación debe superar la visión únicamente farmacocentrista y biomédica del fenómeno y contemplar todos sus determinantes, situando el foco de la atención en la persona y su contexto familiar, comunitario y social, con el fin de obtener de los medicamentos el máximo partido posible maximizando sus beneficios y minimizando sus potenciales riesgos, utilizándolos para los fines que sean más acordes con sus necesidades y su expectativa y calidad de vida. (…) (texto completo aquí)

Entrada elaborada por Rafael Páez Valle

Estatinas en prevención primaria en ancianos: una clara oportunidad para la deprescripción

Cada vez más, la clásica frase de “este medicamento tendrá que tomarlo toda la vida” está más cuestionada y es necesario reflexionar sobre el objetivo terapéutico en  relación con la enfermedad existente y el beneficio neto que obtendrán los pacientes con el tratamiento. Las estatinas, especialmente en prevención primaria, son un claro ejemplo en el que podemos valorar la deprescripción en pacientes de edad avanzada o con ciertas comorbilidades.

ancianosLo primero que nos deberíamos cuestionar es la necesidad del tratamiento con estatinas en pacientes adultos jóvenes en prevención primaria y con riesgo cardiovascular (RCV) bajo. Como ya se comentó en una entrada de Sala de Lectura, en prevención primaria se recomienda un abordaje multifactorial de los factores de riesgo e instaurar tratamiento con estatinas únicamente en aquellos pacientes que presenten alto RCV. En esta línea, el Proyecto Essencial, puesto en marcha en Cataluña, que trata de identificar y desincentivar prácticas de escaso valor en el sistema sanitario, no recomienda la prescripción sistemática de estatinas en prevención primaria cardiovascular en población con riesgo coronario bajo, salvo en casos de dislipemia familiar.

Volviendo al tema que nos ocupa, el del tratamiento en personas de edad avanzada, uno de los principales problemas en esta población, especialmente en los mayores de 80 años, es que está poco representada en los ensayos clínicos con estatinas y, por consiguiente, las recomendaciones de perpetuar el tratamiento más allá de esta edad no son más que una extrapolación de los estudios realizados en adultos más jóvenes. Pero hay que tener en cuenta, además, que los mecanismos fisiopatológicos de la enfermedad cardiovascular cambian a lo largo de la vida e incluso algún estudio sugiere que los niveles bajos de colesterol total se asocian a un aumento de mortalidad en mayores de 80 años.

Un número del Butlletí d’Informació Terapèutica publicado recientemente, revisa en profundidad la eficacia y seguridad del tratamiento con estatinas para la prevención primaria en ancianos. A pesar de la escasa evidencia en ancianos, los autores destacan los resultados del ensayo clínico PROSPER, realizado específicamente en esta población (edad superior a 70 años). Este estudio mostró que el uso de pravastatina reducía, respecto a placebo, la variable combinada de mortalidad cardiovascular, infarto de miocardio no fatal e ictus; sin embargo, este beneficio no se observó en los pacientes en prevención primaria. También se dispone de los datos de un metanálisis de ensayos clínicos en prevención primaria con RCV elevado, que evaluó el beneficio del uso de estatinas en función de la edad de los pacientes, observando que en la población mayor de 65 años el uso de estatinas no se asociaba con una reducción ni en la mortalidad global, ni en los eventos coronarios o cerebrovasculares mayores. Se dispone de otros estudios, aunque con menor grado de evidencia o con una menor representación de población anciana, que van en línea con los resultados comentados y que no permiten concluir que haya un beneficio en el uso de estatinas en prevención primaria en pacientes de edad avanzada.

En lo que respecta a la seguridad, los efectos adversos más frecuentes de las estatinas en la población general son la miopatía, la alteración hepática y el aumento de la incidencia de diabetes. En los pacientes de edad avanzada, el perfil de seguridad es similar, aunque cabe destacar que estos efectos pueden adquirir mayor importancia, dado que con frecuencia coexiste la polimedicación, con el consiguiente aumento de interacciones medicamentosas, y el deterioro de las funciones renal y/o hepática.

En resumen, la evidencia no permite recomendar el uso de estatinas en personas de edad avanzada en prevención primaria, ya que no han demostrado reducción de la mortalidad ni de los eventos cardiovasculares de forma consistente y, en cambio, su uso se relaciona con un aumento de la frecuencia de los efectos adversos en esta población. Por todo ello, en ancianos, debería valorarse de forma individual el balance beneficio riesgo de las estatinas en prevención primaria y en aquellos pacientes en los que el tratamiento ya esté instaurado sería recomendable que los médicos considerasen la deprescripción de estos medicamentos.

Entrada elaborada por Noemí Villén Romero