Presente y futuro de la Farmacia de Atención Primaria

La evolución profesional del Farmacéutico de Atención Primaria (FAP) ha estado muy influida por una gran variabilidad tanto en la formación como en la cartera de servicios.

street-1435744Con la creación de la nueva especialidad, en un futuro cercano todos los farmacéuticos que trabajen en Atención Primaria (AP) dispondrán de un programa formativo reglado como el resto de profesionales de AP. La NUEVA especialidad supone un reto ya que deberá garantizar una verdadera integración transversal de los dos ámbitos, primaria y hospital, donde el farmacéutico clínico podrá ejercer su actividad.

Para ello, el nuevo residente deberá estar capacitado para ejercer las competencias  relacionadas con la gestión del conocimiento y las estrategias de uso racional del medicamento, con la cobertura de necesidades de medicamentos y productos sanitarios y las relacionadas con la atención a pacientes

Además por primera vez, los farmacéuticos residentes deberán también acreditar unas competencias transversales, igual que el resto de profesionales que trabajan en salud. Éstas abarcan aspectos que van desde la ética asistencial, la investigación, el manejo de información etc.

En el futuro inmediato, la formación de los nuevos especialistas está garantizada y contribuirá a disminuir la variabilidad y mejorar el ejercicio profesional del FAP.

De forma paralela a la formación, la cartera de servicios de los FAP también ha sido muy variable. La cartera no debe concebirse como un catálogo de prestaciones sino como la selección priorizada y organizada de los servicios ofertados, teniendo en cuenta las necesidades y demandas de la población.

La cartera de servicios en AP  debe sustentarse en criterios científico-técnicos, priorizarse según la política sanitaria y tener base poblacional. Este enfoque diferencia mucho la cartera de servicios del FAP a la del farmacéutico de Hospital ya que todos los procesos en AP deben adaptarse a la base poblacional. Se comparte formación pero la cartera de servicios debe separar ambos campos de actuación.

Los FAP deben ampliar sus competencias clínicas priorizando el trabajo en equipo con los médicos y enfermeras de primaria lo que permite ser mucho más eficiente. La resolución de una consulta farmacoterapéutica compleja, la revisión del tratamiento de los  pacientes crónicos pluripatológicos,  o asesorar a todo un equipo de médicos y enfermeras en el abordaje de una patología son ejemplos de actividades con un impacto clínico elevado.

Los diferentes profesionales debemos ser capaces de concertar y compartir objetivos, actividades y responsabilidades en torno al paciente independientemente del ámbito de trabajo.

En el campo de la farmacia, la descoordinación se traduce en decisiones terapéuticas variables, cuando no contradictorias, que pueden ser perjudiciales para el paciente.

La coordinación clínica es imprescindible, pero la integración clínica no debe hacer perder la responsabilidad funcional específica de cada ámbito.

El documento “The future of primary care. Creating teams for tomorrow”  publicado por la “Primary Care Workforce Commission” del NHS en 2015 destaca como una de las propuestas de mejora para la AP más funciones para los farmacéuticos clínicos de Atención Primaria.

Una buena formación competitiva, una cartera de servicios específica de Atención Primaria y una coordinación clínica efectiva debe permitir al FAP afrontar el futuro con optimismo.

Esta entrada es un resumen de la ponencia de Rosa Madridejos en la mesa “Presente y futuro de la Atención Primaria” que se presentó en el XXI Congreso de la SEFAP en Granada el pasado octubre.

Rosa Madridejos Mora

Farmacéutica de Atención Primaria

El autor trabaja actualmente en el Servicio de Farmacia Mútua Terrassa.

La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional

Coordinación multidisciplinar: sobredosis de voluntad para lograr una buena sinergia

Uno de los principios básicos que se enseña en farmacología cuando se estudia una carrera sanitaria es el de sinergia: acción de dos o más fármacos cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Esta definición es exactamente lo que se busca cuando se habla de “una atención farmacoterapéutica multidisciplinar”, donde las cualidades de cada uno de los profesionales sanitarios que intervienen sobre el paciente se potencian al encajarlas con las de los demás.

Tiene que haber diferentes puntos de vista para que se produzca una acción sinérgica. El YO, MI, ME, CONMIGO… que postulan algunos profesionales solo conduce a la desunión, al desacuerdo, a la discrepancia, a la dispersión… y eso no beneficia nada a la salud de la población en general y del paciente en particular, único propietario del sistema sanitario público.

Para que se produzca este tipo de cooperación, cada una de las partes ha de conocer perfectamente su cometido. Y no pueden producirse interferencias entre las mismas, ya que cada uno aporta un quehacer distinto y diferente, pero siempre complementario, unido por una misma aptitud o formación en común.

Durante su desarrollo profesional, al farmacéutico de atención primaria se le brinda un sinfín de oportunidades de buscar la sinergia con otros colectivos profesionales (médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, otros farmacéuticos,…), sin olvidar a los pacientes, consiguiendo con la unión de las voluntades una mejora sobre la farmacoterapia del paciente posiblemente mucho mayor que la esperada.

Al margen de dónde la reciba dentro del sistema, al paciente se le debe proporcionar la atención farmacoterapéutica integral que necesita y los Servicios de Farmacia de Atención Primaria están en una posición privilegiada dentro de la organización sanitaria para coordinarla. Pero, ¿cómo aplicar esto?, ¿es posible?. Tan fácil y tan difícil como formar un buen equipo y poner de acuerdo a todos los profesionales. La sapiencia es ineludible, pero la calidad del capital humano, su compromiso con los objetivos y su grado de motivación también son fundamentales para que funcione el trabajo en equipo.

Por ello, el farmacéutico de atención primaria debe desarrollar ciertas capacidades relacionadas con la sinergia que no se aprenden durante los estudios académicos, como la habilidad de comunicación, de gestión, de trabajo en equipo para impulsar la coordinación de equipos multidisciplinares asistenciales y no asistenciales, así como participar en foros de intercambio de conocimiento y buenas prácticas.

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Supongamos un caso:

Imaginemos que un día, un médico en su consulta detecta un problema de salud en un grupo de pacientes inmunocomprometidos que les hace ser vulnerables frente a una infección con disponibilidad de vacuna que no está incluida en el calendario vacunal y que, si no se les administra, puede provocar un empeoramiento de su enfermedad. Una difusión pasiva de la información sobre este problema realizada previamente a los distintos niveles asistenciales no tuvo ningún impacto positivo sobre los pacientes.

Imaginemos que la unidad clínica del hospital que ha detectado el punto de mejora le propone al farmacéutico de atención primaria la actuación conjunta para diseñar un procedimiento de mejora y coordinar a todos los profesionales implicados del área sanitaria.

Imaginemos que el farmacéutico de atención primaria pueda convocar a profesionales del hospital (médicos y farmacéuticos), de atención primaria (médicos y personal de enfermería), de residencias sociosanitarias (médicos y farmacéuticos) y de salud pública (médicos y farmacéuticos) y que “concurren todos con voluntad de establecer un consenso” en la actuación que van a llevar a cabo.

Imaginemos que el farmacéutico de atención primaria coordina dentro de este plan de prevención a las oficinas de farmacia del área sanitaria y a las asociaciones de pacientes implicadas para que ayuden a concienciar a la población sobre las mejoras en salud que obtendrían si colaborasen con este proyecto.

Imaginemos que para todo ello no hace falta la mediación de ninguna consejería, gerencia, dirección médica o colegio oficial.

Imaginemos que en poco tiempo se observa una disminución de ingresos en el hospital por la infección evitada y una mejora la calidad de vida de los pacientes.

¿¿¿¿Imaginemos????… No hace falta, porque ya es una realidad en muchos rincones de España. Y fe de ello son todas las comunicaciones/publicaciones/ponencias presentadas a los diferentes congresos científicos de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap).

La suma de actuaciones siempre nos va a llevar a un resultado superior al que se obtendría si cada sector profesional actuase de manera individualizada (o no participase). Esta coordinación no surge por generación espontánea y los farmacéuticos de atención primaria tenemos el imprescindible cometido de fomentar una cultura de colaboración en nuestra demarcación sanitaria, con la que conseguiremos que futuros proyectos farmacoterapéuticos multidisciplinares sean factibles (factible: “que se puede hacer” Real Academia Española, 2014, 23º ed ).

Porque factible ¡¡factible es!!

Entrada elaborada por Marisol Galeote Mayor

Ha llegado el momento de afrontar las nuevas oportunidades para el FAP

clockUno de los pocos privilegios que el tiempo nos da a los que ya peinamos canas, es el de poder mirar atrás y reflexionar sobre lo que uno quería hacer, lo que logró y lo que quedó olvidado por el camino. Agradezco al Comité Editorial del blog de la SEFAP su generosa invitación, que me ha permitido seguir reflexionando sobre nuestra trayectoria, que en sus casi treinta años de vida, como la de otros colectivos, ha atravesado momentos buenos y menos buenos, pero siempre sin duda ilusionantes.

Llegué tarde a la que considero mi vocación. Qué le vamos a hacer. Mientras que en otras CCAA gestionadas por el antiguo INSALUD o ya transferidas los FAP mostraban importantes avances profesionales, la Comunidad Valenciana fue una de las últimas en incorporarlos formalmente y así, estrenamos milenio dando los primeros pasos en la Atención Primaria.

Para la mayoría de los que entonces nos incorporamos de novo, supuso un cambio de paradigma y un desafío para el que nadie nos había preparado. Muchos, formados en hospitales y acostumbrados al contexto de inmediatez asistencial del paciente agudo, nos metimos de lleno en un proyecto donde las prioridades eran dar atención a pacientes con patologías crónicas y las actividades preventivas y de promoción de la salud, en un entorno poblacional y profesional geográficamente disperso, por no mencionar la escasez de recursos. Todo un reto.

Recuerdo el torbellino de actividades formativas y organizativas de aquella época y desde la distancia, valoro y agradezco el apoyo que nos brindaron compañeros de la SEFAP en aquellos primeros años. Entiendo el esfuerzo y el desgaste humano y corporativo que supone, especialmente para una sociedad pequeñita como la nuestra, facilitar a nuevas generaciones de FAP, una y otra vez, la formación y capacitación que hace tiempo debería haber estado reglada desde los ámbitos académicos y/o sanitarios.

En aquellos primeros años encontré un colectivo joven y competente -muy competente- que con determinación y ganas manejaba conceptos para mi entonces novedosos. Unos compañeros que buscaban su espacio en un modelo por entonces apasionante de Atención Primaria con una apuesta clara por formar parte de él. Esta vocación que siempre nos ha acompañado, ha sido, desde nuestro nacimiento, una «fortaleza normativa» y probablemente nuestro mayor reto.

En el desempeño de nuestras actividades, que en aquel tiempo ya se advertía heterogéneo entre CCAA, llevó a la SEFAP (entiendo que por recapitular y poner un poco de orden) a publicar en 1997 la «Cartera de servicios básicos de los FAP» para posteriormente editar, en el año 2006, el «Manual de Farmacia de Atención Primaria» con un enorme esfuerzo colectivo en el que participaron más de 100 compañeros.

Como profesionales hemos tenido que adaptarnos con resignación a los vaivenes que a cada uno le ha tocado vivir y nuestra proximidad a la gestión sanitaria (tanta que algunos han acabado reconociéndose en ella), ha afectado en ocasiones la imagen que otras sociedades científicas han tenido del FAP. Pese a todo, en nuestro recorrido hemos sido capaces de construir un currículum profesional propio que orienta todas nuestras actuaciones.

De esos primeros años surge nuestra necesidad por formarnos en temas tan ásperos como la farmacoeconomía, nuestra destreza para elaborar estudios de utilización de medicamentos -estudios de los que surgieron iniciativas para mejorar-, nuestra tenacidad para recabar, elaborar y compartir información a todos los profesionales o nuestra defensa del modelo de atención farmacéutica integral y transversal que ahora todo el mundo parece reclamar (enlace 1 y enlace 2).

La práctica en estas disciplinas, tan usuales para nosotros que incluso a veces hemos tenido la tentación de dejarlas de lado, junto con una planificación rigurosa de actividades (restringidas esencialmente al ámbito de la Atención Primaria) han proporcionado al FAP una visión más amplia de lo que constituye el Sistema Sanitario. En nuestro día a día, hemos aprendido que establecer objetivos para Atención Primaria requiere una buena planificación, pero también transversalidad y coordinación con otros colaboradores necesarios, entre los que se encuentra la atención hospitalaria, sociosanitaria y comunitaria.

Lamentablemente, la vocación asistencial del FAP manifiesta en los dos documentos citados, salvo honrosas excepciones, ha quedado prácticamente en el tintero. La falta de recursos, especialmente el acceso a registros clínicos, pero sobre todo nuestra dedicación casi exclusiva a funciones técnico-administrativas, aunque no por ello menos importantes, nos han restado la capacidad para crecer.

Dicen que «en tiempos de mudanza, templanza». Ahora soplan vientos de cambio, de integración pero también de empoderamiento de la Atención Primaria y no creo que sean tiempos de moderación.

Como exponía nuestra compañera Carmela Mozo en el 57 Congreso de la SEFH, la integración clínica debe sostenerse en una relación entre iguales, en una política común centrada en el paciente, una asignación de responsabilidades individuales y una visión global y compartida y ese es modelo que debemos reivindicar. No se trata de simplificar estructuras en una integración organizativa de la que ya conocemos fracasos, sino de compartir visión y objetivos, dando mayor autonomía a las partes.

La creación inminente de una especialidad común debe ser un hito para la Farmacia de Atención Primaria y una oportunidad magnífica para crecer. Hemos creado un perfil propio que nos distingue de otros profesionales, especialmente de la farmacia de hospital de la que muchos de nosotros procedíamos. Esta visión global y a más largo plazo frente a la «inmediatez», debe ser nuestra principal contribución a la futura especialidad.

Por nuestra parte, el acceso a una formación reglada debe obligarnos a dar el paso fundamental para el desarrollo asistencial del FAP sin perder nuestra identidad, dirigiendo nuestra actuación no solo hacia el profesional sanitario sino, sobre todo, hacia el paciente.
Volviendo a mis recuerdos, la encrucijada actual me trae a la memoria el impulso que experimentaron los servicios de farmacia de hospital a principios de los 80 al que tanto contribuyó la regulación de los servicios de farmacia de 1977, pero sobre todo la incorporación de residentes. Los compañeros de hospital fueron capaces, no sin esfuerzo, de poner en valor sus ideas, sus competencias y sus aspiraciones, apostando firmemente por implantar su modelo.

Ahora nos toca a nosotros y para ello debemos tener liderazgo, ser ambiciosos y trabajar para estar a la altura de lo que socialmente se nos demanda. De lo contrario, como decía el replicante de Blade Runner, todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

Entrada elaborada por Pedro Cervera Casino