Coordinación multidisciplinar: sobredosis de voluntad para lograr una buena sinergia

Uno de los principios básicos que se enseña en farmacología cuando se estudia una carrera sanitaria es el de sinergia: acción de dos o más fármacos cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Esta definición es exactamente lo que se busca cuando se habla de “una atención farmacoterapéutica multidisciplinar”, donde las cualidades de cada uno de los profesionales sanitarios que intervienen sobre el paciente se potencian al encajarlas con las de los demás.

Tiene que haber diferentes puntos de vista para que se produzca una acción sinérgica. El YO, MI, ME, CONMIGO… que postulan algunos profesionales solo conduce a la desunión, al desacuerdo, a la discrepancia, a la dispersión… y eso no beneficia nada a la salud de la población en general y del paciente en particular, único propietario del sistema sanitario público.

Para que se produzca este tipo de cooperación, cada una de las partes ha de conocer perfectamente su cometido. Y no pueden producirse interferencias entre las mismas, ya que cada uno aporta un quehacer distinto y diferente, pero siempre complementario, unido por una misma aptitud o formación en común.

Durante su desarrollo profesional, al farmacéutico de atención primaria se le brinda un sinfín de oportunidades de buscar la sinergia con otros colectivos profesionales (médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, otros farmacéuticos,…), sin olvidar a los pacientes, consiguiendo con la unión de las voluntades una mejora sobre la farmacoterapia del paciente posiblemente mucho mayor que la esperada.

Al margen de dónde la reciba dentro del sistema, al paciente se le debe proporcionar la atención farmacoterapéutica integral que necesita y los Servicios de Farmacia de Atención Primaria están en una posición privilegiada dentro de la organización sanitaria para coordinarla. Pero, ¿cómo aplicar esto?, ¿es posible?. Tan fácil y tan difícil como formar un buen equipo y poner de acuerdo a todos los profesionales. La sapiencia es ineludible, pero la calidad del capital humano, su compromiso con los objetivos y su grado de motivación también son fundamentales para que funcione el trabajo en equipo.

Por ello, el farmacéutico de atención primaria debe desarrollar ciertas capacidades relacionadas con la sinergia que no se aprenden durante los estudios académicos, como la habilidad de comunicación, de gestión, de trabajo en equipo para impulsar la coordinación de equipos multidisciplinares asistenciales y no asistenciales, así como participar en foros de intercambio de conocimiento y buenas prácticas.

colaboracion

Supongamos un caso:

Imaginemos que un día, un médico en su consulta detecta un problema de salud en un grupo de pacientes inmunocomprometidos que les hace ser vulnerables frente a una infección con disponibilidad de vacuna que no está incluida en el calendario vacunal y que, si no se les administra, puede provocar un empeoramiento de su enfermedad. Una difusión pasiva de la información sobre este problema realizada previamente a los distintos niveles asistenciales no tuvo ningún impacto positivo sobre los pacientes.

Imaginemos que la unidad clínica del hospital que ha detectado el punto de mejora le propone al farmacéutico de atención primaria la actuación conjunta para diseñar un procedimiento de mejora y coordinar a todos los profesionales implicados del área sanitaria.

Imaginemos que el farmacéutico de atención primaria pueda convocar a profesionales del hospital (médicos y farmacéuticos), de atención primaria (médicos y personal de enfermería), de residencias sociosanitarias (médicos y farmacéuticos) y de salud pública (médicos y farmacéuticos) y que “concurren todos con voluntad de establecer un consenso” en la actuación que van a llevar a cabo.

Imaginemos que el farmacéutico de atención primaria coordina dentro de este plan de prevención a las oficinas de farmacia del área sanitaria y a las asociaciones de pacientes implicadas para que ayuden a concienciar a la población sobre las mejoras en salud que obtendrían si colaborasen con este proyecto.

Imaginemos que para todo ello no hace falta la mediación de ninguna consejería, gerencia, dirección médica o colegio oficial.

Imaginemos que en poco tiempo se observa una disminución de ingresos en el hospital por la infección evitada y una mejora la calidad de vida de los pacientes.

¿¿¿¿Imaginemos????… No hace falta, porque ya es una realidad en muchos rincones de España. Y fe de ello son todas las comunicaciones/publicaciones/ponencias presentadas a los diferentes congresos científicos de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap).

La suma de actuaciones siempre nos va a llevar a un resultado superior al que se obtendría si cada sector profesional actuase de manera individualizada (o no participase). Esta coordinación no surge por generación espontánea y los farmacéuticos de atención primaria tenemos el imprescindible cometido de fomentar una cultura de colaboración en nuestra demarcación sanitaria, con la que conseguiremos que futuros proyectos farmacoterapéuticos multidisciplinares sean factibles (factible: “que se puede hacer” Real Academia Española, 2014, 23º ed ).

Porque factible ¡¡factible es!!

Entrada elaborada por Marisol Galeote Mayor

Ha llegado el momento de afrontar las nuevas oportunidades para el FAP

clockUno de los pocos privilegios que el tiempo nos da a los que ya peinamos canas, es el de poder mirar atrás y reflexionar sobre lo que uno quería hacer, lo que logró y lo que quedó olvidado por el camino. Agradezco al Comité Editorial del blog de la SEFAP su generosa invitación, que me ha permitido seguir reflexionando sobre nuestra trayectoria, que en sus casi treinta años de vida, como la de otros colectivos, ha atravesado momentos buenos y menos buenos, pero siempre sin duda ilusionantes.

Llegué tarde a la que considero mi vocación. Qué le vamos a hacer. Mientras que en otras CCAA gestionadas por el antiguo INSALUD o ya transferidas los FAP mostraban importantes avances profesionales, la Comunidad Valenciana fue una de las últimas en incorporarlos formalmente y así, estrenamos milenio dando los primeros pasos en la Atención Primaria.

Para la mayoría de los que entonces nos incorporamos de novo, supuso un cambio de paradigma y un desafío para el que nadie nos había preparado. Muchos, formados en hospitales y acostumbrados al contexto de inmediatez asistencial del paciente agudo, nos metimos de lleno en un proyecto donde las prioridades eran dar atención a pacientes con patologías crónicas y las actividades preventivas y de promoción de la salud, en un entorno poblacional y profesional geográficamente disperso, por no mencionar la escasez de recursos. Todo un reto.

Recuerdo el torbellino de actividades formativas y organizativas de aquella época y desde la distancia, valoro y agradezco el apoyo que nos brindaron compañeros de la SEFAP en aquellos primeros años. Entiendo el esfuerzo y el desgaste humano y corporativo que supone, especialmente para una sociedad pequeñita como la nuestra, facilitar a nuevas generaciones de FAP, una y otra vez, la formación y capacitación que hace tiempo debería haber estado reglada desde los ámbitos académicos y/o sanitarios.

En aquellos primeros años encontré un colectivo joven y competente -muy competente- que con determinación y ganas manejaba conceptos para mi entonces novedosos. Unos compañeros que buscaban su espacio en un modelo por entonces apasionante de Atención Primaria con una apuesta clara por formar parte de él. Esta vocación que siempre nos ha acompañado, ha sido, desde nuestro nacimiento, una «fortaleza normativa» y probablemente nuestro mayor reto.

En el desempeño de nuestras actividades, que en aquel tiempo ya se advertía heterogéneo entre CCAA, llevó a la SEFAP (entiendo que por recapitular y poner un poco de orden) a publicar en 1997 la «Cartera de servicios básicos de los FAP» para posteriormente editar, en el año 2006, el «Manual de Farmacia de Atención Primaria» con un enorme esfuerzo colectivo en el que participaron más de 100 compañeros.

Como profesionales hemos tenido que adaptarnos con resignación a los vaivenes que a cada uno le ha tocado vivir y nuestra proximidad a la gestión sanitaria (tanta que algunos han acabado reconociéndose en ella), ha afectado en ocasiones la imagen que otras sociedades científicas han tenido del FAP. Pese a todo, en nuestro recorrido hemos sido capaces de construir un currículum profesional propio que orienta todas nuestras actuaciones.

De esos primeros años surge nuestra necesidad por formarnos en temas tan ásperos como la farmacoeconomía, nuestra destreza para elaborar estudios de utilización de medicamentos -estudios de los que surgieron iniciativas para mejorar-, nuestra tenacidad para recabar, elaborar y compartir información a todos los profesionales o nuestra defensa del modelo de atención farmacéutica integral y transversal que ahora todo el mundo parece reclamar (enlace 1 y enlace 2).

La práctica en estas disciplinas, tan usuales para nosotros que incluso a veces hemos tenido la tentación de dejarlas de lado, junto con una planificación rigurosa de actividades (restringidas esencialmente al ámbito de la Atención Primaria) han proporcionado al FAP una visión más amplia de lo que constituye el Sistema Sanitario. En nuestro día a día, hemos aprendido que establecer objetivos para Atención Primaria requiere una buena planificación, pero también transversalidad y coordinación con otros colaboradores necesarios, entre los que se encuentra la atención hospitalaria, sociosanitaria y comunitaria.

Lamentablemente, la vocación asistencial del FAP manifiesta en los dos documentos citados, salvo honrosas excepciones, ha quedado prácticamente en el tintero. La falta de recursos, especialmente el acceso a registros clínicos, pero sobre todo nuestra dedicación casi exclusiva a funciones técnico-administrativas, aunque no por ello menos importantes, nos han restado la capacidad para crecer.

Dicen que «en tiempos de mudanza, templanza». Ahora soplan vientos de cambio, de integración pero también de empoderamiento de la Atención Primaria y no creo que sean tiempos de moderación.

Como exponía nuestra compañera Carmela Mozo en el 57 Congreso de la SEFH, la integración clínica debe sostenerse en una relación entre iguales, en una política común centrada en el paciente, una asignación de responsabilidades individuales y una visión global y compartida y ese es modelo que debemos reivindicar. No se trata de simplificar estructuras en una integración organizativa de la que ya conocemos fracasos, sino de compartir visión y objetivos, dando mayor autonomía a las partes.

La creación inminente de una especialidad común debe ser un hito para la Farmacia de Atención Primaria y una oportunidad magnífica para crecer. Hemos creado un perfil propio que nos distingue de otros profesionales, especialmente de la farmacia de hospital de la que muchos de nosotros procedíamos. Esta visión global y a más largo plazo frente a la «inmediatez», debe ser nuestra principal contribución a la futura especialidad.

Por nuestra parte, el acceso a una formación reglada debe obligarnos a dar el paso fundamental para el desarrollo asistencial del FAP sin perder nuestra identidad, dirigiendo nuestra actuación no solo hacia el profesional sanitario sino, sobre todo, hacia el paciente.
Volviendo a mis recuerdos, la encrucijada actual me trae a la memoria el impulso que experimentaron los servicios de farmacia de hospital a principios de los 80 al que tanto contribuyó la regulación de los servicios de farmacia de 1977, pero sobre todo la incorporación de residentes. Los compañeros de hospital fueron capaces, no sin esfuerzo, de poner en valor sus ideas, sus competencias y sus aspiraciones, apostando firmemente por implantar su modelo.

Ahora nos toca a nosotros y para ello debemos tener liderazgo, ser ambiciosos y trabajar para estar a la altura de lo que socialmente se nos demanda. De lo contrario, como decía el replicante de Blade Runner, todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

Entrada elaborada por Pedro Cervera Casino

La categoría profesional, la movilidad y los farmacéuticos de atención primaria

Uno de los principios que recoge la Ley 55/2003, del Estatuto Marco del personal estatutario de los Servicios de Salud, es el de la libre circulación y la posibilidad de movilidad del personal en todo el Sistema Nacional de Salud. A ello le dedica la Ley el capítulo VII, entendiendo que constituye un elemento básico para dotar al Sistema Nacional de Salud de cohesión y coordinación.

farmacéuticaEn este sentido, el artículo 17 recoge el derecho a la movilidad voluntaria, a la promoción interna y al desarrollo profesional, en la forma en que prevean las disposiciones en cada caso aplicables.

El principal obstáculo que tenía la movilidad para los farmacéuticos de atención primaria, era la falta de definición y de homologación previa de las distintas clases o categorías funcionales, en que este tipo de profesional se venía denominando en los diferentes Servicios de Salud.

Pues, bien, el pasado 7 de abril de 2015 se publicó en el BOE el Real Decreto 184/2015, que nace con la finalidad de garantizar la movilidad, en términos de igualdad efectiva, del personal estatutario en el conjunto del Sistema Nacional de Salud, mediante la aprobación de un catálogo homogéneo de equivalencias de las categorías profesionales del personal estatutario de los Servicios de Salud.

En esta norma se entiende por categoría de referencia aquella a la que se hacen equivalentes las demás categorías reguladas en cada Servicio de Salud, que presentan las mismas exigencias de acceso en cuanto a titulación, cualificación y otros requisitos de competencias y capacitación profesional, y que, además, desempeña funcionalmente las mismas tareas y cometidos, independientemente de su denominación original.

Es decir, la categoría de referencia “farmacéutico/a de atención primaria”, de acuerdo con el anexo del Real Decreto, es equivalente a las siguientes denominaciones que existen en los diferentes Servicios de Salud, para este puesto de trabajo:

  • Farmacéutico
  • Farmacéutico de atención primaria
  • Farmacéutico de equipo de atención primaria
  • Farmacéutico de área de atención primaria
  • Farmacia

Conviene destacar que según esta norma, las categorías de “farmacia de hospital” y la de “farmacéutico/a de atención primaria”, no son equivalentes.

Todo ello es independiente de la titulación que se pueda exigir a los futuros profesionales sanitarios que vayan a ocupar los puestos de trabajo de las citadas categorías de farmacia hospitalaria y farmacéutico/a de atención primaria, cuando se cumplan los plazos y requisitos establecidos en el Real Decreto 639/2014, por el que se regula la troncalidad, donde se modifica la especialidad de “farmacia hospitalaria”, que pasará a denominarse “farmacia hospitalaria y de atención primaria” (art. 40).

En definitiva, el Real Decreto 184/2015 sigue reconociendo una categoría profesional que ya acumula más de dos décadas de antigüedad y cuyas competencias buscan ofrecer una mejor atención a los pacientes; algo por lo que merece la pena seguir trabajando.

Entrada elaborada por José Manuel Paredero Domínguez

Mapa de competencias profesionales del farmacéutico de atención primaria

Uno de los ámbitos de actuación del Plan Estratégico de la SEFAP 2010-2013 es el relativo a la formación, que comprendía la elaboración de una descripción de las competencias del farmacéutico de atención primaria, con la finalidad de que el conocimiento de las mismas permitiera a la SEFAP llevar a cabo estrategias más precisas de formación continuada y de evaluación de las competencias en el colectivo profesional. Eventualmente, el mapa de competencias debía servir también para facilitar el acceso al nuevo título de especialista en Farmacia Hospitalaria y de Atención Primaria.

Para elaborar el mapa se realizó un trabajo en grupo focal de expertos (socios de SEFAP) y un cuestionario posterior individual a todos los socios. El grupo focal tuvo como objetivo realizar una primera descripción de competencias y en el cuestionario posterior se preguntó la opinión de los socios sobre la relevancia, importancia y trascendencia de cada una de las competencias en la propia actividad profesional.

Los resultados obtenidos en el cuestionario fueron motivo de trabajo en el grupo focal, que finalmente elaboró un panel o mapa definitivo de dichas competencias. Se siguió el esquema de clasificar las competencias en tres grandes grupos que son vistos como capas concéntricas englobadas conjuntamente: a) las competencias que sirven para hacer bien el trabajo; b) las competencias que sirven para hacer bien lo que se debe hacer bien; y c) las competencias que sirven para el desarrollo profesional global.

El mapa define 129 competencias elementales que se clasifican en 13 grandes grupos, los cuales se muestran a continuación: gestión del conocimiento, interrelación con los profesionales sanitarios y con los cargos directivos, coordinación con otros niveles asistenciales, gestión del medicamento, colaboración con organismos de carácter institucional, atención a pacientes, manejo de sistemas de información, comunicación, trabajo en equipo, gestión de la calidad, desarrollo profesional, liderazgo y docencia e investigación.

competencias

Por otra parte, en un apartado específico del cuestionario se preguntó sobre las estrategias formativas que parecían más adecuadas para mejorar las competencias, y también sobre los instrumentos que se consideraban más adecuados para la evaluación de dichas competencias.

Las estrategias formativas más valoradas fueron aquellas que combinaban formación presencial y a distancia y las que estaban basadas en el aprendizaje basado en la experiencia profesional (on-the-job learning). Los instrumentos de evaluación de competencias mejor valorados son aquellos que parten de la valoración de la práctica profesional real: portafolios, observación de la práctica profesional, etc.

Entrada elaborada por Josep Roma i Millán